Blog de historias, reflexiones, puntos de vistas. La vida, viajes por el mundo. Otra manera de narrar lo cotidiano. La gente y sus misterios

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sábado, 27 de junio de 2020

En su propia trampa

                                             

                         "tres cosas en este mundo que no pueden ser ocultada
                           por mucho tiempo. El sol, la luna y la verdad."
                                                                                                    buda.


  Como en la historia del Titanic, todo el mundo en el barco vio  el iceberg. Esa montaña de hielo que intentaron evitar, dejar a un lado, pero nadie vio que debajo, oculto en el océano ese iceberg se extendía bien profundo a lo lejos. Eso es lo que el subconsciente es, esa parte de nosotros que conduce nuestra vidas. Este vive en el presente, no en el pasado. Es el que lo hace casi todo por nuestras vidas. Es la razón por la que tu tomas ciertas decisiones. Es el motivo del porque tu usas ciertas ropas, escoges ciertos colores. Este es el timón  y termina de programarse en los primeros años de la vida, no toma mucho tiempo y es así que maneja el mundo que ves, manejando tus juicios según las experiencias. Dentro de nosotros, en las profundidades vamos contrayendo  ciertos hábitos, conductas, actitudes, que debemos entender y llegar a perdonarnos un día. Comprender que cualquier cosa que nos pase esta fuera de nuestro control y así poder liberarnos de estas historias… O haces la paz con tu pasado o sino este te va perseguir por siempre en el presente con esos, sus asuntos sin resolver.


                                                              
  Esta es una historia que escuche muchas veces cuando era niño. La entendí bien hace tan solo unos días atrás que fue cuando realmente pude comprenderla. En tu propia trampa. Me gusta cambiar las cosas de tono, porque creo que así tienen un mejor sabor. La vida aunque parece una cosa seria y complicada, no lo es tanto. Es pura vida. Uno no debería creérsela de esa manera tan estricta como dicen que es. Porque eso es mentira. De ese modo juzgándolo todo a cada minuto es imposible llegar a algún lugar. Esa fue la lección que aprendi y les digo, me costó mucho reconocerlo. No se puede luchar contras nuestros propios fantasmas, solo debemos rendirnos ante ellos. ¿Que si cuesta rendirse? A la mayoría le resulta imposible. Porque la vida es lo único que en realidad tenemos y lo mejor que podemos hacer con ella es, sacarle el jugo. Si no te dejas llevar por la corriente, las cosas se complican aun más  se vuelven feas, torpes, pierden su cara mas dulce. Como le ocurrió a este joven que salió a ver salir el sol una rara mañana, pero no pudo.

 Un joven pescador había decidido desde la noche anterior ir al mar, porque eran días tranquilos, los mejores para tirar su atarraya y pasar la tarde.  Su cabeza no andaba bien, las cosas no estaban funcionando como el quería. Había tenido una fuerte discusión con su mujer. Ella no entendía como era que había perdido su trabajo. Como la casa no era en ese momento un sitio para estar, decidido ir a coger un poco de aire. Por lo que se levantaría muy temprano en plena oscuridad para no molestarle. Conocía un hermoso lugar cerca del acantilado y a este se dirigía cada vez que podía. Los peces en el lugar eran grandes y muy buenos. Tomo ese día la larga carretera que lo llevaba a ese mágico promontorio. Como pescar era su pasatiempo favorito y además la tranquilidad del lugar le traía la paz, supo que eso podía ayudarlo a tranquilizarse un poco y tomarse las cosas con mucha calma. Así que esa noche no dudo a la hora de poner en su viejo Chevrolet Ford todo lo que en realidad le hacia falta, los nailon, la carnada del cebo, agua, un bocadillo de queso blanco y el termo de café. Al otro día desde muy temprano, en plena oscuridad partió al lugar. Después de recorrer unos kilómetros atravesó por un camino desierto para así explorar algún que otro sitio desconocido, cuando de repente se le ponchó una rueda de su viejo automóvil. Algo enfadado por el inesperado percance lo aparcó a la orilla del camino, le dio unos punta pie a la goma y se dirigió atrás con la intención de cambiarla. Pero cual fue su sorpresa al abrir el capó y no encontrar el gato mecánico, lo necesitaba para la suspensión y le busco por todos los rincones pero no lo encontró. Cómo podía olvidar algo así tan importante. Su enfado era tal que se quedo unos minutos esperando que alguien pasara y relajarse. Pero eso no ocurrió. Ya no quedaban rastros de las ultimas personas con que se cruzó en el camino. El sol a esa hora se estaba volviendo intratable y en su cabeza los pensamientos comenzaban a arder.  Buscando un poco de sombra se recostó a su vehículo y con la mirada perdida entre los arboles y el aire fresco muy a lo lejos vio una casita. Era como un punto blanco en la lejanía. Como ya llevaba mucho tiempo en el lugar y no pasaba absolutamente nadie, se le ocurrió la idea de acercarse. Su enfado aumentaba cada vez que pensaba en la casita. Estaba tan lejos, que con solo mirar a aquel punto blanco, su fastidio iba en aumento. Dudó varias veces en medio del camino si acercarse o no. Se detuvo para regresar y seguir esperando, pero obligado por encontrar una solución, intentó otra vez seguir sus pasos. ¿Y si no hay nadie en esa casa? Se preguntó  Bueno no seas tan negativo, así mismo se dijo y continuó. Unos pasos mas allá  se detuvo otra vez. ¿Y si no tiene un gato? Ok, pero a lo mejor tienen otra solución. El hombre se animó y siguió su camino. La casita estaba mas cerca. Había dejado todo en su carro y pensó que alguien podía robarle. Su vara de pescar era muy cara y cualquiera daba una fortuna por ella. Quizo regresar a buscarla. Pero se había dado cuenta, que ya era tarde, pensar así era una bobería y continuócontinuó una y otra vez, haciéndose más preguntas, inventando las respuestas y viendo fantasmas en todo lo que se suponía y así sin darse cuenta dio con la casa. Era de madera grande y con techo de guano, pero estaba cerrada. Allí a unos cincuenta metros delante de sus ojos se detuvo. A lo mejor no hay nadie. Dijo otra vez para si. Y si el que vive dentro es una mala persona. Pero ya estaba allí y tenia que intentarlo, así que se fue acercando. No encontraba una señal, las ventanas cerradas, los animales campando a sus anchas en el patio. En ningún rastro por los alrededores pudo reconocer que le dijeran que dentro habitaba un alma, nada. Tanto era su desconsuelo que su enfado fue en creciendo cuando al mirar para atrás, vio el lugar de donde había venido y estaba ya tan lejos, que el Chevrolet tan diminuto,  parecía un puntito azul en el horizonte y sus dudas eran tan enormes, que se lanzó  directamente a la puerta. Tocó, tocó y tocó. Por un lado del patio apareció un perro que le ladraba ferozmente sin acercársele. Intentó con su enojo coger algo para defenderse,  en el momento que alguien le abrió la puerta, alguien que el ni siquiera vio, era tanta su rabia, que solo le dio tiempo a decir…hola, a la silueta adormilada en la penumbra…Que le preguntaba, ¿que usted necesita?..¿Que necesito? le respondió el hombre montado en cólera. Mire,…se mete usted ese gato en el ..cu….olvídelo. ¿Yo?,.. yo no necesito nada. Me voy. Y dio media vuelta y se marchó. Iba perseguido por los perros que ladraban detrás, unidos a otros dos que aparecieron de repente. Tomó el camino de regreso, aun más irritado. Esta vez llevaba de regreso muchos mas problemas que los anteriores y estaba completamente agobiado.  
  Los ojos no sirven de mucho, si la mente se niega a ver. Esta historia es la prueba de lo fácil que nos inventamos historias negativas a la hora de enfrentar y buscar una solución a nuestros propios problemas. En vez de adoptar una mentalidad positiva o dejarse llevar por lo que el azar nos tiene reservado. Hacemos en estos casos lo peor, le damos la responsabilidad a nuestros propios miedos para que se encarguen y tomen las riendas del destino. Y cargado de resentimientos, de dudas, nos convertimos en eso, en el infierno de lo que nos rodea más a menudo.
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martes, 12 de mayo de 2020

Los platos rotos de An


 Yo respeto a las personas que están dispuestas a morir por lo que realmente quieren. No importa si es por amor o por una mujer o por un sueño. Cualquier cosas en que realmente crean. Cualquier cosas que transcienda al nivel de exigir esa sensación amorosa en el instantes y sacarla de dentro….Miro el amor en el compromiso de que pueda elevarte a tu gran potencial. Esa fuerza natural que tenemos dentro. Así es como la gente se debe sentir cuando van a su objetivo por lograr lo que quieren, viene de ese gran potencial. No importa lo que sea, ser buen padre, buena madre, perder 30 libras de peso, pasar una dura prueba, de esa forma te examinas ante la vida…y así, siempre quieres ganar la batalla..eso eleva tu nivel a tu gran potencial, sin dudas….Que te mires a ti mismo en tu mas grande forma..(fashion)

                                                                   Mike Tyson.


                                                         Los platos rotos de An

El rostro de An no tenia ningun desperdicio cuando la miraba bien de cerca. De esa manera las cosas cambiaban, tomaban un tono mas intimo, nostálgico, hasta  parecía real, porque aquel gesto era muy suyo. Una de esas fugaz mirada de ella, las de siempre, limpias y acompañadas por una sonrisa a la nada, fuerte y contagiosa que podías sentir como sus estrepitosas carcajada que venían y se dispersaban en el espacio, buscando tocarte, llenándolo. Esas risas de An, nunca la podría olvidar, porque Angélica, como en realidad se llamaba su nana, tenia el alma tan clara y transparente que no era difícil ver lo que ella en el fondo pensaba. Era así, una suerte poder pasar unos días con ella, únicos.  Luna había llegado el día anterior desde Nueva York donde ahora vivía. Había nacido allí, en la ciudad de la gran manzana, pero desde muy pequeña sus padres se trasladaron a la Habana, allí creció y fue donde había pasado casi todo ese tiempo hermoso. Ahora era una joven plena, bastante florecida, con ideas propias y muy objetivas. Llevaba unos años viviendo en América y aunque todo su mundo había cambiado de la noche a la mañana desestabilizando un poco su vida, ya parecía que comenzaba a cogerle otra vez el ritmo.  Había crecido muy rápido  y ahora  era que lo notaba, frente a frente a esa inolvidable fotografía en blanco y negro ante sus ojos, exhibida en un cuadro al entrar en la sala de An, como un trofeo colgado en la pared del centro. Estaban las dos juntas, An con la mirada perdida a un lugar pero con gesto tierno, cercano y el de ella, detrás, como  en aquellos inseparables días.  An siempre estuvo a su lado desde que era una niña y aun recordaba lo unida que estaban a pesar de ser tan mayor y de todas esas historias que peinaban canas que le contaba mientras le daba un baño cuando llegaba de la escuela. El tiempo había pasado con mucha prisa y dejó sus huellas claras sobre su semblante, porque la nana que había dejado hacía dos años atrás, había  envejecido mucho producto de su recaída y hasta la notaba cansada. Estaban las dos tan felices que parecía como si se hubiera detenido el tiempo en esa fotografía. Su nana estaba algo enferma, desde su partida las cosas no fueron iguales, había regresado otra vez a su soledad y sus fuerzas no eran las misma, pero aun así,  tenia intacta su manera de ser, altiva, suave, dulce, esa que le era tan familiar a ella y que le hacían sentirse toda una privilegiada. Porque Angélica era un Angel y sabía que había tenido la suerte de crecer cerca de sus cuidados. Jamás encontraría una nana mejor en el mundo que la buena de An, le había llamado así desde pequeña, y aunque se lo aclaraba muchas veces de que en ingles, ants, con t eran las hormigas y se reía cuando se lo decía, ella siempre le respetó. Cuando su nana se enfadaba se ponía muy seria y eso lo tenía presente, ella no soportaba las malacrianzas. Así que había que escucharla, no podías hacer otra cosa. Que si tenia que hacerlo? Eso lo sabe muy bien, la nana cambiaba hasta de colores cuando se desahogaba como si el oxígeno de su cuerpo en su regreso, buscara un sitio dentro de su normalidad. Como si el aire que tenía comprimido en su vetusto cerebro, se le escapara por la sangre y le devolviera de nuevo la sonrisa, porque An era una sabia, así mismo. Y si te decía esto está mal, era por alguna razón. Aunque muchas veces entraban en alguna discusión sin sentido, eso paso muchas veces, entonces tenía que calmarla y decirle de que era una hormiga grande y buena. 
Lunaaaa…!, Le grito desde la cocina en el momento que se dirigía al cuarto. Dale, que el desayuno esta listo. 
Yo no quiero desayunar le respondo Luna. 
Como que no vas a desayunar jovencita, usted no me sale de aquí hasta que no tengas algo en el estómago. Como me vas a decir que no tienes hambre? mira?...Allí esta, condumio, y hizo una señal con la mano como el que se lleva una cuchara a la boca.
Es que tengo el estomago un poco descompuesto, parece que fue todo lo que comí en el viaje. Todavía siento la comida del avión aquí dentro.
Si, pero tu no sabes que tiempo vas a estar fuera y tienes que estar preparada, esta es la Habana, aquí se chancletea, no…Niu yooo…como es que tu dices. Se rió.
Vale, voy a comer algo, pero la verdad que no tengo apetito. 
Comieron mientras hablaban y sobre todo se rieron mucho, era siempre así, tenían mucha química.
Ahora te vas y disfruta de las amiga y de la habana, hace una calor tremenda y te va a venir bien recordar los tiempos mozos, jejeje. No le echabas de menos?
Si, la extrañaba mucho, sobre todo a mis amigas.
Y a mi, le dijo la nana.
Claro, como no te voy a extrañar. 
Y no me extrañes pa que veas. Que voy a decir por allí desde que te mudaste para los Estados Unidos, se te cayeron los colores, porque con la gloria, se olvida la memoria. An, se rió, pero esta vez mucho más. Se sentía agradecida por tenerla cerca por unos días. Luna fue hasta ella y le dio un enorme abrazo y un beso. Yo te quiero mucho le dijo y permaneció un rato entre sus brazos como en aquellos hermosos días, tranquilos, en silencio, cómoda, como cuando ella era la única persona que estaba a su lado en las apacibles noches de la Habana.  Sabia que aunque An no decía nada, no había  podido reparar en esos días de separación y era ahora que se daba cuenta que tenia que aprovechar al máximo de esos días en que pasaría una semana en la ciudad con las amigas. 
Es así como siempre he considerado que la vida es en lo mas profundo, un poquito complicada. Esto te lo digo sin pelos en la lengua. No hay porque temerle a lo que esta por venir. Sentir temor no es cosa mala, ocurre por alguna razón, también tarde o temprano llegan las dudas, pero en lo que una cosa va y viene, deberíamos aprender de ella, hablo de la vida.  Es así de sencillo. Cuando un día te das cuenta que los golpes enseñan. Te preparas para defenderte de ellos. Y que las cosas en ocaciones te empujan sin medidas a buscar un  culpables, no pierdas tu tiempo.  Tenemos que liberarnos de ese terrible sentimiento de culpa que no arregla las cosas, no, nunca resuelve absolutamente nada.  Y lo peor, cuando no encontramos en quien echarle ese peso de las adversidades  terminamos por castigarnos a nosotros mismo. Es de esa forma en que ocurren los problemas, somos adictos a crear malos entendidos y a boicotear sin vacilar el motivo de nuestra propia paz dándole créditos a la cosas que ya pasaron y también a las que vendrán. Cuando pasan los años aprendes que no puedes culpar a las experiencias, ni las fatigas dentro de tu propio ser. Es como si cruzaras la frontera y te pararas en el otro bando y vieras la vida pasar por delante desde tu punto de vista más sabio, mucho más objetivo y diferente, sin que te afecte en lo más mínimo. An había visto crecer a Luna, que era como una nieta. No tenía otra forma de verla. Vivía sola, abandonada por la familia en un barrio al sur de la Habana, que no perdían su tiempo en ir a visitarla. Sobrevivía entre las novelas de la radio, los programas de la televisión, en ocasiones los vecinos y las revistas viejas que leía y releía. Tenia una hija, que llevaba tiempo que no sabía de ella, a veces hablaban por teléfono, pero esporádicamente y su nieta, con la que había pasado también mucho tiempo, hasta verla florecer, se había casado y desde que se largó, como decía, desde entonces solo pasaba si se encontraba por el barrio a saludarla. En realidad su vida había sido un poquito complicada…o mejor dicho un tanto tropelosa, en un sube y baja constante que solo ella en lo mas profundo podía calcular el peso de su deterioro. Pero hay persona que nacen así y que sus espíritus no cambian de bando, ni siquiera tienen la duda de ser un día mancillados, porque no creen tan fuerte en el jodido dolor y no se dejan engañar de ninguna forma. Se mantienen puro a pesar de la derrota y así era el de An, feroz y radiante, un espíritu de luz aterciopelado como aquellos peluches de su niñez,  sus muñecos inseparable, sus grandes compañeros en su sueños y guardianes de sus silencios. Los habían acumulado alrededor de la cama hasta el día que dejó la Habana que tuvo que deshacerse de alguno de ellos regalándolos, pero aun con ella, en su propio cuarto de New York conserva sus preferidos, a la Malula y al Dorian, el payaso de trapo. 
  An era una mujer mayor, rondaba los ochenta, pero unos años atrás todavía lucia fuerte. No podías reconocer con exactitud su verdadera edad. Había sido enfermera y se buscaba la vida cuidando ancianos hasta que le llegó la oportunidad de cuidar a una niña. Ese hecho de estar involucrada en una vida joven la llenó otra vez de entusiasmo y hasta le crecieron alas, disfrutaba tanto que cuando estaban tan juntas Luna la veía como una abuela. Era parte de su familia. An le había entregado todo su tiempo y todo lo que no pudo dar ante a su verdadera hija y a su nieta, como lo tenia ahora sin medida a montones, lo daba solo por disfrutar en lo mas profundo, sentir la brisa de lo nuevo que llegaba puro y como tenia la edad para soportarlo, lo dejaba escapar hasta en sus suspiros, porque cuando estaba cerca de Luna, ella nunca tenia ninguna prisa. Se detenían las horas. Cuando eres bastante mayor, hablo de la vejez, ya no piensas mucho, ni tampoco estas tan interesado en arreglarlo todo. Ya uno no esta para eso, solo importa lo que llega a la cabeza de repente y se le busca una salida. En ese momento de la vida uno regresa a las cosas sencillas. Entra otra vez en su ritmo y se entonan a su sintonía. Es así de hermoso el proceso de la vejez cuando ya no te preocupan los años, ni lo que la gente diga sobre ellos. Tu a esa edad estás en la conexión total con el tiempo y es cuando llega el momento de sentarte con los asuntos sin resolver. Eso no falla. Por muy alta que este el punto en la cima, tienes que bajar y poner los pies otra vez sobre tierra firme que es donde se vive mejor. Es de la única manera que se recobra el equilibrio perdido. Allí en el fondo, justo en el sótano es donde yacen los demonios y esos no te abandonan, son una carga lo digo siempre y si no estás dispuesto a cambiar de pagina, allá tu con las consecuencias. Por eso de una forma u otra tenemos que bajar un día a ese rincón, acercarnos sin miedo y asegurarnos de que todo los pedazos que no cuadran es hora de tirarlos a la basura. Nada puedes hacer con los platos rotos. 











Con solo pasar un tiempo con An cualquier persona a primera vista diría rápidamente que es buena. Que tiene el alma noble, eso no falla. Es muy fácil leer mirándole la cara a un viejo. Puedes definirla fácilmente por la superficie como el que lee un libro de historia antigua. El tiempo no perdona en esos casos y va seguro con su implacable rotulador dibujando las huellas que va dejando el pasado, bordeando los rostros de las personas, arrancándole su propia naturaleza. Si has sido una persona dura, despiadada, egoísta o si la vida te ha golpeado miserablemente, todo ese daño y el dolor resplandece a priori cuando te miras al espejo, frente a frente lo sientes tan tuyos que odias tu propio autorretrato. Pero cuando miras a una persona como An, rápidamente puede imaginar de que ella no es ese tipo de gente. Que lo mas posible es que no haya tenido suerte en la vida. Eso ocurre a menudo y nadie sabe porque. En tu rostro se puede reconocer tus victorias y tus derrotas. Todas vienen en el mismo recipiente que brota del alma.
 An era clara con sus sentimiento, les daba alas y los echaba a volar sin freno. Estaba lo suficiente curtida por el tiempo y ahora mas que nunca veía las cosas tan clara. Los años no pasan en vano, se acumulan como piedras endureciendo el camino. Así que lo mas recomendado por su mente vieja que había soportado el peso de la soledad y en su experiencia cuidando enfermos a lo largo del tiempo, que lo único que valía la pena es ir apartando todo aquello que no le hacía feliz buscando crear a propósito ese gran espacio libre para las otras cosas que vendrían y de una manera acomodar en su viejo cuarto el mundo, al que preparaba como si fuera un nuevo huésped que llegaría con el futuro. Con una cabeza así, tranquila y con las cosas en su lugar, estaba consciente de que hasta el ambiente cambia, se vuelve fresco, confortable, se oxigena del aire que trae un mundo nuevo y en el que te tienes que dejarte llevar porque en este, sabes que estás de tránsito. Venia de una infancia muy dura, tanto que las huellas caladas en sus hueso le dejaron mas de unas veces la duda de que en ocasiones las cosas no funcionan, que no deberían de ser de la forma que son, pero no le pudieron apagar sus ansia de poder olvidarla y hasta de enfrentarlas hasta el punto de aborrecerlas y hasta aborrecerse en si misma. Pero el tiempo en su propio paso cura siempre las heridas. Por lo que se sentía plena aún en su soledad. Eran casi ochenta y a esa edad las cosas se vuelven mas complicada si le empiezas a buscar falta. Así que lo mejor es no esperar nada de nadie por eso se conformaba con lo que tenia, aunque ella hubiera querido mas, como todo el mundo, La vida  suele ser injusta, o tal vez cada quien tenga una misión que cumplir y llegas a este mundo  de la manera perfecta en que te conviertes un aguanta golpes. Como le había pasado a ella que desde niña había conocido en carne propia lo que era estar sola…
An estaba parada en la cocina, sus manos oxidadas renqueaban, pero sabía que en la vida como en el ring sabes lo que te juegas y cuando lo entregas todo es para ganar tu lucha, así que en momentos en que estas de rodillas, lo sabes, eso no se olvida, no puedes pedir clemencias, que estás aquí para luchar y eso es lo que importa, no quedarte con los brazos cruzados esperando que el referí, pare la pelea. eso no hacen los buenos peleadores, lo había visto siempre en el deporte de los cuadriláteros, nadie en su juventud se los perdía en aquellos tiempos en que peleaba Teófilo Stevenson, su héroe, las peleas de boxeo. La grandeza de superar en la vida esos momento de fragilidad donde te sientes débil. Bastaba con no hacerle mucho caso, solo volver, otra vez y esa vez, mucho más fuerte. Le dolían sus brazos viejos, pero ya estaba acostumbrada, pero aun así estos no habían  perdido la suavidad que generaba la monotonía. Se movían exactos, jamás aceleraban su ritmo en su paso. Iban como en armonía mientras giraba el cuchillo y le quitaba la cáscara a la traviesa naranja que se movían en espiral. Fue así, que sumergida también en el silencio entrecortado por los tranquilos chirridos que producía el aceite hirviendo que había quedado en la sartén  con los restos de los huevos fritos, que sintió paz. Se secó las manos, miró al reloj, se acercaba la hora de novela. Se dirigió a la sala y fue justo a la fotografía en blanco y negro donde ella estaba retratada con Luna. Se sonrío observándola cuidadosamente. Luna estaba grande y hermosa  ahora. Se había convertido en una joven muy inteligente y de buen corazón. No tenía ninguna duda, la quería mucho. Se sentó en el sillón y encendió el radio, recostó la cabeza hacia atrás y cerro los ojos como si estuviera dormida y respiro profundo dandole las gracias a dios por sentirse acompañada. 
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