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viernes, 8 de mayo de 2020

Allá en las nubes. El Partenón




En el Olimpo
Nos acercamos a Atenas desde el norte a principios del crepúsculo, subiendo una colina. Cuando llegamos a su punto máximo, nos deslumbró mirar hacia abajo y ver la Acrópolis golpeada por un rayo de sol poniente como si inmensa entre las nubes, posara para una foto.
Donald Hall



  Era yo muy joven aún y como chico de pueblo tenia los horizontes muy cercanos, por no decir al doblar de la esquina donde pasaba la mayor parte del tiempo libre entre mis amigos. Para mi punto de vista, esos eran los lugares mas seguros del mundo por aquel entonces y vivía  agradecido por eso. Bastaban las visitas que hacía con mis padres y hermanos a algunos que otros sitios en el otro extremo de la ciudad  donde nos reuníamos una que otras veces con nuestra familia para darme cuenta que todo en realidad no estaba tan lejano. Aunque por aquellos días yo creía que esas fronteras eran el fin del mundo, pero ya veo que no lo eran, porque no tenían nada en lo absoluto que ver con lo desconocido. Tampoco en mi cabeza estaba eso de llegar un día a la luna, no les voy a mentir y si les digo la verdad, ese no era mi plato fuerte, porque para mi no había mejor lugar que las calles sin asfaltar de mi barrio con los pies descalzos entre la hierba y las piedras, en ella me perdía como en un secreto laberinto. Ese era en realidad mi único universo aunque tampoco les voy a negar que aun así, siempre estaba en las nubes. Ocurrió por aquel entonces algo que quedo grabado  en ese paso de la niñez a la juventud y que descubrí por azar y cambio para siempre mi forma de ver las cosas. Es la razón por la que todo esto que les voy a contar viene al caso. Acostumbrado a meter las narices donde no debía, de alguna manera como un animalito salvaje seguía siempre mi instinto aunque eso por lo general me traía problemas. Nunca estuve interesado en la historia, hablo de la escuela. Odiaba  todo aquello de las guerras y de la gente que tomaba el poder  y se convertían en ogros o personas malvadas. Por lo que la historia universal me tenia sin cuidado y ni siquiera me importaba mucho la de mi país, me resultaba un tanto aburrida. Era un chico negro mas del barrio de una familia lo mas normal del mundo, no era muy fácil por esa época en un barrio y sus aspiraciones como la de todos, era que sus hijos tarde o temprano aprovecharan ese tiempo y tuvieran una buena educación con vista a un brillante futuro profesional. No era de esperar si quieres para tus hijos lo mejor. Pero como por aquel entonces la mayoría de las cosas que veía en la tele y aprendía en la escuela no tenían nada que ver con mi vida, eran un poco ajena, tampoco se acercaban a lo que sentía, en vez de crear una empatía alrededor de todo aquello que trataban de inculcarme en la escuela, sencillamente como no ponía  ningún interés, casi que la aborrecía y la historia en general siempre fue una asignatura que me cayó muy mal, éramos el perro y el gato. La tenia entre ceja y ceja, esa era la verdad. Nunca me identifique con los personajes históricos, ni los buenos, ni los malos, los sentía tan lejano a mi mundo que siempre pensé que era ficticio, me costaba de una forma u otra creerme sus hazañas, creo que me identificaba mas con los protagonistas de los episodios de la tele que llegaban con mas fantasías, que cuando tocaba la hora de estar sentado escuchando a la maestra, mi mente volaba de otra dimensión a el infinito, prefería no prestar mucha atención a toda esa cantaleta y la verdad que en mi cabeza no entraba. Que me importaba a mi aquel mundo de fantasmas y héroes de papel que nunca me parecieron de carne y hueso. Mi universo lo conformaban las cosas reales esas que me quitaban el apetito y el sueño, como ese olor a ajo y cebolla frita de la comida que salía de la cocina cuando todo estaba a punto de caramelo y lo único que quería era que mi madre diera la señal de sentarse a la mesa. Ya saben, el mundo de las sensaciones por el olfato, ese ya era una realidad. El verde del campo que te atrapaba sobre todo cuando las tardes no eran demasiado calurosa y a lo lejos se te perdía la vista por el resplandor del sol en aquel cielo azul de nubes tranquilas tan cerca de tu cabeza. El agua fresca  del río a una cuadra, que por entonces corría clara sin detener su curso entre sonidos diferentes como atravesando por la mitad las frágiles fronteras de la realidad. Estas iban de camino a ese lugar del que todos hablaban, el poderoso mar. Así que lo de la escuela, aunque me gustaba, prefería pasar de ella porque me robaba la mayoría de mi tiempo libre y yo no era mas que un fantasma. Pero como no me gobernaba, tenia la obligación de asistir todos los días sin ni siquiera chistar. Con eso de seguir en ocaciones las reglas nunca a habido un problema, he sabido como manejar los duros momentos en mi vida y he creado una técnica, esa la aprendí desde muy chiquito. Cuando no me gusta algo, o por lo general me incomoda, me busco rápidamente una justificación, o sea una especie de trampolín. Estar aburrido, no va con mi naturaleza salvaje, algo siempre se me ocurre para trascender el momento y volar a otros misteriosos parajes con la imaginación, así de simple. Es como hacerte el loco cuando tienes la obligación de cumplir con los caprichos de otros, dices que si a todo, haces lo que tienes que hacer, pero mantienes la mente en el lugar exacto, único, en el que quieres estar, dispuesto a obviarlo todo para saltar al vacío y de esa manera en la caída, se van diluyendo uno a uno los problemas, se escapan por la puerta de atrás sin vacilar como si rompieras la fuerza de su gravedad. Si no vas más allá de la superficie no te afectan, eso sucede cuando no vale la pena penetrar en lo más profundo. Esa técnica me ha servido incluso hasta en los días de hoy, por eso le doy gracias a dios que me mantenga sano y a salvo de los terremotos de la mente. Pues resulta que por esos días el objeto de mis deseos tenía nombre propio y era real como la vida misma. Puedo llamarle la Julieta de mi historia, para que me entiendan. Había una chica del octavo B, el aula de clases del lado de la mía que con el solo hecho de existir me tenía hipnotizado. Estaba siempre metida en su mundo etéreo y aunque parecía que no tenia alas, dentro de ella vivía un  ángel porque era demasiado callada, tan diferente a las demás y con una total plenitud en todo lo que hacia que su manera de tomarse la vida que creaba un gran misterio ante mi propia mirada, porque no le perdía ni pies, ni pisada. Su plena seguridad y sus delicados movimientos armónicos atraían completamente toda mi atención. Llegaba casi siempre temprano, todos los días, por no decir que era una de las primeras. Tocaba la viola y le gustaba leer libros de cuentos y los viernes, sin falta recitaba poesía de memoria en el matutino. Ese era mi punto débil cada vez que escuchaba su voz y releía los libros, que por aquellos días yo sencillamente  los odiaba. Tal vez por eso, como éramos dos polos opuesto era la razón que me tenía rendido a sus pies. Un hombre no lee, pensaba yo, según mi educación de guerrero esas eran cosas solo para los horarios de estudios. Y como quería hacerme el duro, no me lo pensé mucho y use para acercarme un poco mas una de mis grandes estrategias, creo que la mejor para tratar de al menos, que la ansiada princesa de mis sueños se diera cuenta de que me tenía al perder los nervios. Pues mi hermano mayor tenia un diccionario Larousse, de aquellos que eran inmenso para la mayoría, era una carga, porque nadie en la casa le hacía ni el más remoto caso. Un libro que no era muy grande, pero tenia tantas hojas que pesaba una eternidad. Podías amarrarlo con una soga y tirarlo en el fondo del mar que seguro encontraba el fondo en un abrir y cerrar de ojos. No hay nada que pese mas que uno de esos libros viejos con carátula de cartón solida que parecen como la puerta mágica a un lugar prehistórico. Me encantaba ojearlo de vez en cuando en casa, nadie le daba bola, pero era sumamente curioso para mi que siempre me gusto dibujar, porque estaba lleno de extrañas figuras geométricas, arquitecturas interesantes, obras de arte, lugares insólitos, mapas, todo tipo de animales, los normales y los que no había visto nunca, anatomía, toda esas cosas  que luego reproducía y que lograban retenerme en algunos momento,   perder la noción de la realidad y dejarme con la boca abierta, a mi, que era todo energía. Pues como tenia obsesión por la chica, decidí llevarlo a la escuela y lo hacia casi todo los días, no era que lo leyera mucho, ya dije era una carga, solo lo hojeaba, pero la mayor parte lo que hacia era disfrutar de todo aquel sin números de imágenes que de alguna manera me trasladaban rápidamente como a otro planeta y me acercaban mucho mas a ella, al menos, eso pensaba, ya se los dije, como estaba tratando de impresionar me sentía bien estando sentado en las nubes. Ese era remedio santo y a la vez le dejaba ver entre los tiempos libres de receso y mas que otras veces cuando unían  los dos grupos, de que yo estaba también para otra cosas, al menos eso pensaba y la verdad que logre de una manera u otra ganarme su cercanía sin ni siquiera hablar una palabra. Mucho tiempo después sin querer termine enamorándome de aquel libro gigante porque la chica me fue casi imposible conquistarla, la verdad que no hablaba mucho por entonces. Nunca he podido olvidar aquel diccionario, vive en mi recuerdo, soy capaz de ver muchas de sus hojas rotas por entre la portada, penetrar en su cálido intestino. Entre aquello de meter el ojo aquí y allá aprendi cosas que nunca mas olvide. Resulta que al doblar de la casa vivía un tío mío que a pesar de que era un borracho conocido, los del barrio lo admiraban, porque era muy inteligente y ademas vendía cuadro que pintaba con mucha imaginación. De eso es posible que nadie se acuerde, porque mi tío hace tiempo murió. Pero saben, por aquellos tiempos yo quería ser como él, no un borracho, pero me ilusionaba cada vez que entraba en su casa y quedaba atrapado. Tenia las paredes llena de cuadros de madera, no lienzos, eso era muy difícil por esos días, por lo que usaba colores que mezclaba con aceite, todo un especialista, los encuadraba de una manera que parecía que caían así a ti y no tenias mas remedio que mirarlos. Eso le daba a su obra un tono muy especial. La mayoría de los paisajes eran muy raros, nunca los había visto en mi vida. Eran como mu atractivas escenas bíblicas al menos pensaba, hasta que después mas tarde comprendí que  tenían que ver con pasajes de la cultura griega, hermosos lugares, sumamente apacibles donde sus personajes en túnicas y en sandalias tomaban el aire libre, en aquellas idílicas posturas que parecían como si meditaran, en una especie de retiro, así les recuerdo. Inmensos salones apacibles de color ámbar, ese era su color preferido, nítidamente dibujados buscando la paz entre inmensas  columnas. No conocía por aquel entonces nada sobre eso, pero los colores y las figuras siempre robaron también mi atención. Nunca pregunte, así que un día sin buscarlos di con una pagina en aquel bendito diccionario que rápidamente me despertó y pude saber de que se trataba. Fijase usted lo que trae el misterio de la curiosidad y adonde te lleva. Por lo que se convirtió por su oportuna relevancia, en unas de mis paginas favoritas de ese libro. La acrópolis de Atenas. Casi me lo aprendo de memoria.  Así que les digo.                                         
 Era muy joven la primera vez que leí esto que decía: Democracia (del griego demokratía) Es una forma de organización social que atribuye su poder al conjunto de la ciudadania. 

Hubo una vez una ciudad pagana, que castigada por los designios de los dioses, asediada por el azote de las guerras y la enorme devastación, acató   los mandatos de uno de sus generales, el gran orador Pericles, a quien  se le ocurrió la dichosa idea de crear un lugar único para así ahuyentar a esta de los maleficios divinos. Ya venia en boca de los oráculos, de los adivinos el desastre y  sus altos mandatarios convocaron una asamblea e invitaron con ellos a el pueblo para buscar juntos una respuesta a sus males. Y lo encontraron. Su nombre,... Atenas. Por aquel entonces  la ciudad mas poderosa de la época. Le llamaron así en honor a la diosa Atenea que la habían elegido como la protectora ilustre de la ciudad. Era feroz  en la batalla como amante también de la inteligencia y la razón. Esta ciudad identifico su esencia con esos valores y se defendió contra los Persas, sus mayores enemigos. Luego con la intención de rendirle culto por sus victorias reunieron a sus más dotados eruditos y le encargaron a su principal arquitecto, el intrépido Fídias, la construcción de un templo en la cúspide  sobre las ruinas de su montaña más alta. Allá en la cima, fue el lugar elegido. La majestuosa Acrópolis se yergue desde entonces como un gigante mausoleo despierto al mundo donde según la leyenda, los mortales vivían en comunión con sus dioses. 
Luego sus gentes bajaron al llano donde radica hoy en día la moderna ciudad y la enorme terraza quedo como espacio de mármol sagrado tendido en el aire. Donde se iba charlar, hacer sus rituales de honor y respirar el aire puro.
Dicen que olvidadas toda esa horrenda etapas de reyes y tiranos, el pueblo se reunía frente a una asamblea al menos cada diez días y participaba de las decisiones que se tomaban. De allí surgió la tan conocida democracia. De un consenso entre ambos. Y que cuando Pericles  tomos las riendas en el siglo V antes de Cristo…Pudo decirle a su pueblo estas palabras. "Somos la escuela de toda la Hélade".  Y lo cierto es que en esa época, la llamada de oro de la historia.  Atenas produjo una floración de filósofos, de artistas, escritores y sabios que son los pilares de la enseñanza de lo que hoy en día se conoce como los cimientos de la civilización occidental…seria bueno, no olvidar historias como esta en estos tiempos de locos, en la que parece que la mayoría estamos en las nubes. Eso lo aprendi desde que era aun muy pequeño y no les miento, ya se los dije antes. Tal vez para algunos esto no le sirva para nada, pero a mi, me ha servido de mucho, porque desde entonces siempre pensé en encontrar un sitio así entre las nubes donde sea posible el dialogo entre los humanos, esa señal de pura opulencia. Por mucho tiempo me pareció que eran solo las imágenes de aquel largo sueño de juventud, de mi Julieta, mi glorioso tío, de aquel mágico diccionario, pero hoy veo que no lo fue. Una vez que llegue a la cima pude constatarlo. De que no, que nunca había estado equivocado en el camino, ese lugar era tan real como la vida misma. ✋

Sobre el video:…mi amigo griego era el guía en esos tiempos en la ciudad, nadie mejor que él para entrometerme bien en sus intestinos y presentarme a su amigo, un músico de toca la Lira y que crea también esos legendarios instrumento de los tiempos de Homero, ah y que ademas vive en una casita al estilo griego justo debajo de la Acrópolis.🙏
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