Blog de historias, reflexiones, puntos de vistas. La vida, viajes por el mundo. Otra manera de narrar lo cotidiano. La gente y sus misterios

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martes, 12 de mayo de 2020

Los platos rotos de An


 Yo respeto a las personas que están dispuestas a morir por lo que realmente quieren. No importa si es por amor o por una mujer o por un sueño. Cualquier cosas en que realmente crean. Cualquier cosas que transcienda al nivel de exigir esa sensación amorosa en el instantes y sacarla de dentro….Miro el amor en el compromiso de que pueda elevarte a tu gran potencial. Esa fuerza natural que tenemos dentro. Así es como la gente se debe sentir cuando van a su objetivo por lograr lo que quieren, viene de ese gran potencial. No importa lo que sea, ser buen padre, buena madre, perder 30 libras de peso, pasar una dura prueba, de esa forma te examinas ante la vida…y así, siempre quieres ganar la batalla..eso eleva tu nivel a tu gran potencial, sin dudas….Que te mires a ti mismo en tu mas grande forma..(fashion)

                                                                   Mike Tyson.


                                                         Los platos rotos de An

El rostro de An no tenia ningun desperdicio cuando la miraba bien de cerca. De esa manera las cosas cambiaban, tomaban un tono mas intimo, nostálgico, hasta  parecía real, porque aquel gesto era muy suyo. Una de esas fugaz mirada de ella, las de siempre, limpias y acompañadas por una sonrisa a la nada, fuerte y contagiosa que podías sentir como sus estrepitosas carcajada que venían y se dispersaban en el espacio, buscando tocarte, llenándolo. Esas risas de An, nunca la podría olvidar, porque Angélica, como en realidad se llamaba su nana, tenia el alma tan clara y transparente que no era difícil ver lo que ella en el fondo pensaba. Era así, una suerte poder pasar unos días con ella, únicos.  Luna había llegado el día anterior desde Nueva York donde ahora vivía. Había nacido allí, en la ciudad de la gran manzana, pero desde muy pequeña sus padres se trasladaron a la Habana, allí creció y fue donde había pasado casi todo ese tiempo hermoso. Ahora era una joven plena, bastante florecida, con ideas propias y muy objetivas. Llevaba unos años viviendo en América y aunque todo su mundo había cambiado de la noche a la mañana desestabilizando un poco su vida, ya parecía que comenzaba a cogerle otra vez el ritmo.  Había crecido muy rápido  y ahora  era que lo notaba, frente a frente a esa inolvidable fotografía en blanco y negro ante sus ojos, exhibida en un cuadro al entrar en la sala de An, como un trofeo colgado en la pared del centro. Estaban las dos juntas, An con la mirada perdida a un lugar pero con gesto tierno, cercano y el de ella, detrás, como  en aquellos inseparables días.  An siempre estuvo a su lado desde que era una niña y aun recordaba lo unida que estaban a pesar de ser tan mayor y de todas esas historias que peinaban canas que le contaba mientras le daba un baño cuando llegaba de la escuela. El tiempo había pasado con mucha prisa y dejó sus huellas claras sobre su semblante, porque la nana que había dejado hacía dos años atrás, había  envejecido mucho producto de su recaída y hasta la notaba cansada. Estaban las dos tan felices que parecía como si se hubiera detenido el tiempo en esa fotografía. Su nana estaba algo enferma, desde su partida las cosas no fueron iguales, había regresado otra vez a su soledad y sus fuerzas no eran las misma, pero aun así,  tenia intacta su manera de ser, altiva, suave, dulce, esa que le era tan familiar a ella y que le hacían sentirse toda una privilegiada. Porque Angélica era un Angel y sabía que había tenido la suerte de crecer cerca de sus cuidados. Jamás encontraría una nana mejor en el mundo que la buena de An, le había llamado así desde pequeña, y aunque se lo aclaraba muchas veces de que en ingles, ants, con t eran las hormigas y se reía cuando se lo decía, ella siempre le respetó. Cuando su nana se enfadaba se ponía muy seria y eso lo tenía presente, ella no soportaba las malacrianzas. Así que había que escucharla, no podías hacer otra cosa. Que si tenia que hacerlo? Eso lo sabe muy bien, la nana cambiaba hasta de colores cuando se desahogaba como si el oxígeno de su cuerpo en su regreso, buscara un sitio dentro de su normalidad. Como si el aire que tenía comprimido en su vetusto cerebro, se le escapara por la sangre y le devolviera de nuevo la sonrisa, porque An era una sabia, así mismo. Y si te decía esto está mal, era por alguna razón. Aunque muchas veces entraban en alguna discusión sin sentido, eso paso muchas veces, entonces tenía que calmarla y decirle de que era una hormiga grande y buena. 
Lunaaaa…!, Le grito desde la cocina en el momento que se dirigía al cuarto. Dale, que el desayuno esta listo. 
Yo no quiero desayunar le respondo Luna. 
Como que no vas a desayunar jovencita, usted no me sale de aquí hasta que no tengas algo en el estómago. Como me vas a decir que no tienes hambre? mira?...Allí esta, condumio, y hizo una señal con la mano como el que se lleva una cuchara a la boca.
Es que tengo el estomago un poco descompuesto, parece que fue todo lo que comí en el viaje. Todavía siento la comida del avión aquí dentro.
Si, pero tu no sabes que tiempo vas a estar fuera y tienes que estar preparada, esta es la Habana, aquí se chancletea, no…Niu yooo…como es que tu dices. Se rió.
Vale, voy a comer algo, pero la verdad que no tengo apetito. 
Comieron mientras hablaban y sobre todo se rieron mucho, era siempre así, tenían mucha química.
Ahora te vas y disfruta de las amiga y de la habana, hace una calor tremenda y te va a venir bien recordar los tiempos mozos, jejeje. No le echabas de menos?
Si, la extrañaba mucho, sobre todo a mis amigas.
Y a mi, le dijo la nana.
Claro, como no te voy a extrañar. 
Y no me extrañes pa que veas. Que voy a decir por allí desde que te mudaste para los Estados Unidos, se te cayeron los colores, porque con la gloria, se olvida la memoria. An, se rió, pero esta vez mucho más. Se sentía agradecida por tenerla cerca por unos días. Luna fue hasta ella y le dio un enorme abrazo y un beso. Yo te quiero mucho le dijo y permaneció un rato entre sus brazos como en aquellos hermosos días, tranquilos, en silencio, cómoda, como cuando ella era la única persona que estaba a su lado en las apacibles noches de la Habana.  Sabia que aunque An no decía nada, no había  podido reparar en esos días de separación y era ahora que se daba cuenta que tenia que aprovechar al máximo de esos días en que pasaría una semana en la ciudad con las amigas. 
Es así como siempre he considerado que la vida es en lo mas profundo, un poquito complicada. Esto te lo digo sin pelos en la lengua. No hay porque temerle a lo que esta por venir. Sentir temor no es cosa mala, ocurre por alguna razón, también tarde o temprano llegan las dudas, pero en lo que una cosa va y viene, deberíamos aprender de ella, hablo de la vida.  Es así de sencillo. Cuando un día te das cuenta que los golpes enseñan. Te preparas para defenderte de ellos. Y que las cosas en ocaciones te empujan sin medidas a buscar un  culpables, no pierdas tu tiempo.  Tenemos que liberarnos de ese terrible sentimiento de culpa que no arregla las cosas, no, nunca resuelve absolutamente nada.  Y lo peor, cuando no encontramos en quien echarle ese peso de las adversidades  terminamos por castigarnos a nosotros mismo. Es de esa forma en que ocurren los problemas, somos adictos a crear malos entendidos y a boicotear sin vacilar el motivo de nuestra propia paz dándole créditos a la cosas que ya pasaron y también a las que vendrán. Cuando pasan los años aprendes que no puedes culpar a las experiencias, ni las fatigas dentro de tu propio ser. Es como si cruzaras la frontera y te pararas en el otro bando y vieras la vida pasar por delante desde tu punto de vista más sabio, mucho más objetivo y diferente, sin que te afecte en lo más mínimo. An había visto crecer a Luna, que era como una nieta. No tenía otra forma de verla. Vivía sola, abandonada por la familia en un barrio al sur de la Habana, que no perdían su tiempo en ir a visitarla. Sobrevivía entre las novelas de la radio, los programas de la televisión, en ocasiones los vecinos y las revistas viejas que leía y releía. Tenia una hija, que llevaba tiempo que no sabía de ella, a veces hablaban por teléfono, pero esporádicamente y su nieta, con la que había pasado también mucho tiempo, hasta verla florecer, se había casado y desde que se largó, como decía, desde entonces solo pasaba si se encontraba por el barrio a saludarla. En realidad su vida había sido un poquito complicada…o mejor dicho un tanto tropelosa, en un sube y baja constante que solo ella en lo mas profundo podía calcular el peso de su deterioro. Pero hay persona que nacen así y que sus espíritus no cambian de bando, ni siquiera tienen la duda de ser un día mancillados, porque no creen tan fuerte en el jodido dolor y no se dejan engañar de ninguna forma. Se mantienen puro a pesar de la derrota y así era el de An, feroz y radiante, un espíritu de luz aterciopelado como aquellos peluches de su niñez,  sus muñecos inseparable, sus grandes compañeros en su sueños y guardianes de sus silencios. Los habían acumulado alrededor de la cama hasta el día que dejó la Habana que tuvo que deshacerse de alguno de ellos regalándolos, pero aun con ella, en su propio cuarto de New York conserva sus preferidos, a la Malula y al Dorian, el payaso de trapo. 
  An era una mujer mayor, rondaba los ochenta, pero unos años atrás todavía lucia fuerte. No podías reconocer con exactitud su verdadera edad. Había sido enfermera y se buscaba la vida cuidando ancianos hasta que le llegó la oportunidad de cuidar a una niña. Ese hecho de estar involucrada en una vida joven la llenó otra vez de entusiasmo y hasta le crecieron alas, disfrutaba tanto que cuando estaban tan juntas Luna la veía como una abuela. Era parte de su familia. An le había entregado todo su tiempo y todo lo que no pudo dar ante a su verdadera hija y a su nieta, como lo tenia ahora sin medida a montones, lo daba solo por disfrutar en lo mas profundo, sentir la brisa de lo nuevo que llegaba puro y como tenia la edad para soportarlo, lo dejaba escapar hasta en sus suspiros, porque cuando estaba cerca de Luna, ella nunca tenia ninguna prisa. Se detenían las horas. Cuando eres bastante mayor, hablo de la vejez, ya no piensas mucho, ni tampoco estas tan interesado en arreglarlo todo. Ya uno no esta para eso, solo importa lo que llega a la cabeza de repente y se le busca una salida. En ese momento de la vida uno regresa a las cosas sencillas. Entra otra vez en su ritmo y se entonan a su sintonía. Es así de hermoso el proceso de la vejez cuando ya no te preocupan los años, ni lo que la gente diga sobre ellos. Tu a esa edad estás en la conexión total con el tiempo y es cuando llega el momento de sentarte con los asuntos sin resolver. Eso no falla. Por muy alta que este el punto en la cima, tienes que bajar y poner los pies otra vez sobre tierra firme que es donde se vive mejor. Es de la única manera que se recobra el equilibrio perdido. Allí en el fondo, justo en el sótano es donde yacen los demonios y esos no te abandonan, son una carga lo digo siempre y si no estás dispuesto a cambiar de pagina, allá tu con las consecuencias. Por eso de una forma u otra tenemos que bajar un día a ese rincón, acercarnos sin miedo y asegurarnos de que todo los pedazos que no cuadran es hora de tirarlos a la basura. Nada puedes hacer con los platos rotos. 











Con solo pasar un tiempo con An cualquier persona a primera vista diría rápidamente que es buena. Que tiene el alma noble, eso no falla. Es muy fácil leer mirándole la cara a un viejo. Puedes definirla fácilmente por la superficie como el que lee un libro de historia antigua. El tiempo no perdona en esos casos y va seguro con su implacable rotulador dibujando las huellas que va dejando el pasado, bordeando los rostros de las personas, arrancándole su propia naturaleza. Si has sido una persona dura, despiadada, egoísta o si la vida te ha golpeado miserablemente, todo ese daño y el dolor resplandece a priori cuando te miras al espejo, frente a frente lo sientes tan tuyos que odias tu propio autorretrato. Pero cuando miras a una persona como An, rápidamente puede imaginar de que ella no es ese tipo de gente. Que lo mas posible es que no haya tenido suerte en la vida. Eso ocurre a menudo y nadie sabe porque. En tu rostro se puede reconocer tus victorias y tus derrotas. Todas vienen en el mismo recipiente que brota del alma.
 An era clara con sus sentimiento, les daba alas y los echaba a volar sin freno. Estaba lo suficiente curtida por el tiempo y ahora mas que nunca veía las cosas tan clara. Los años no pasan en vano, se acumulan como piedras endureciendo el camino. Así que lo mas recomendado por su mente vieja que había soportado el peso de la soledad y en su experiencia cuidando enfermos a lo largo del tiempo, que lo único que valía la pena es ir apartando todo aquello que no le hacía feliz buscando crear a propósito ese gran espacio libre para las otras cosas que vendrían y de una manera acomodar en su viejo cuarto el mundo, al que preparaba como si fuera un nuevo huésped que llegaría con el futuro. Con una cabeza así, tranquila y con las cosas en su lugar, estaba consciente de que hasta el ambiente cambia, se vuelve fresco, confortable, se oxigena del aire que trae un mundo nuevo y en el que te tienes que dejarte llevar porque en este, sabes que estás de tránsito. Venia de una infancia muy dura, tanto que las huellas caladas en sus hueso le dejaron mas de unas veces la duda de que en ocasiones las cosas no funcionan, que no deberían de ser de la forma que son, pero no le pudieron apagar sus ansia de poder olvidarla y hasta de enfrentarlas hasta el punto de aborrecerlas y hasta aborrecerse en si misma. Pero el tiempo en su propio paso cura siempre las heridas. Por lo que se sentía plena aún en su soledad. Eran casi ochenta y a esa edad las cosas se vuelven mas complicada si le empiezas a buscar falta. Así que lo mejor es no esperar nada de nadie por eso se conformaba con lo que tenia, aunque ella hubiera querido mas, como todo el mundo, La vida  suele ser injusta, o tal vez cada quien tenga una misión que cumplir y llegas a este mundo  de la manera perfecta en que te conviertes un aguanta golpes. Como le había pasado a ella que desde niña había conocido en carne propia lo que era estar sola…
An estaba parada en la cocina, sus manos oxidadas renqueaban, pero sabía que en la vida como en el ring sabes lo que te juegas y cuando lo entregas todo es para ganar tu lucha, así que en momentos en que estas de rodillas, lo sabes, eso no se olvida, no puedes pedir clemencias, que estás aquí para luchar y eso es lo que importa, no quedarte con los brazos cruzados esperando que el referí, pare la pelea. eso no hacen los buenos peleadores, lo había visto siempre en el deporte de los cuadriláteros, nadie en su juventud se los perdía en aquellos tiempos en que peleaba Teófilo Stevenson, su héroe, las peleas de boxeo. La grandeza de superar en la vida esos momento de fragilidad donde te sientes débil. Bastaba con no hacerle mucho caso, solo volver, otra vez y esa vez, mucho más fuerte. Le dolían sus brazos viejos, pero ya estaba acostumbrada, pero aun así estos no habían  perdido la suavidad que generaba la monotonía. Se movían exactos, jamás aceleraban su ritmo en su paso. Iban como en armonía mientras giraba el cuchillo y le quitaba la cáscara a la traviesa naranja que se movían en espiral. Fue así, que sumergida también en el silencio entrecortado por los tranquilos chirridos que producía el aceite hirviendo que había quedado en la sartén  con los restos de los huevos fritos, que sintió paz. Se secó las manos, miró al reloj, se acercaba la hora de novela. Se dirigió a la sala y fue justo a la fotografía en blanco y negro donde ella estaba retratada con Luna. Se sonrío observándola cuidadosamente. Luna estaba grande y hermosa  ahora. Se había convertido en una joven muy inteligente y de buen corazón. No tenía ninguna duda, la quería mucho. Se sentó en el sillón y encendió el radio, recostó la cabeza hacia atrás y cerro los ojos como si estuviera dormida y respiro profundo dandole las gracias a dios por sentirse acompañada. 
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viernes, 8 de mayo de 2020

Allá en las nubes. El Partenón




En el Olimpo
Nos acercamos a Atenas desde el norte a principios del crepúsculo, subiendo una colina. Cuando llegamos a su punto máximo, nos deslumbró mirar hacia abajo y ver la Acrópolis golpeada por un rayo de sol poniente como si inmensa entre las nubes, posara para una foto.
Donald Hall



  Era yo muy joven aún y como chico de pueblo tenia los horizontes muy cercanos, por no decir al doblar de la esquina donde pasaba la mayor parte del tiempo libre entre mis amigos. Para mi punto de vista, esos eran los lugares mas seguros del mundo por aquel entonces y vivía  agradecido por eso. Bastaban las visitas que hacía con mis padres y hermanos a algunos que otros sitios en el otro extremo de la ciudad  donde nos reuníamos una que otras veces con nuestra familia para darme cuenta que todo en realidad no estaba tan lejano. Aunque por aquellos días yo creía que esas fronteras eran el fin del mundo, pero ya veo que no lo eran, porque no tenían nada en lo absoluto que ver con lo desconocido. Tampoco en mi cabeza estaba eso de llegar un día a la luna, no les voy a mentir y si les digo la verdad, ese no era mi plato fuerte, porque para mi no había mejor lugar que las calles sin asfaltar de mi barrio con los pies descalzos entre la hierba y las piedras, en ella me perdía como en un secreto laberinto. Ese era en realidad mi único universo aunque tampoco les voy a negar que aun así, siempre estaba en las nubes. Ocurrió por aquel entonces algo que quedo grabado  en ese paso de la niñez a la juventud y que descubrí por azar y cambio para siempre mi forma de ver las cosas. Es la razón por la que todo esto que les voy a contar viene al caso. Acostumbrado a meter las narices donde no debía, de alguna manera como un animalito salvaje seguía siempre mi instinto aunque eso por lo general me traía problemas. Nunca estuve interesado en la historia, hablo de la escuela. Odiaba  todo aquello de las guerras y de la gente que tomaba el poder  y se convertían en ogros o personas malvadas. Por lo que la historia universal me tenia sin cuidado y ni siquiera me importaba mucho la de mi país, me resultaba un tanto aburrida. Era un chico negro mas del barrio de una familia lo mas normal del mundo, no era muy fácil por esa época en un barrio y sus aspiraciones como la de todos, era que sus hijos tarde o temprano aprovecharan ese tiempo y tuvieran una buena educación con vista a un brillante futuro profesional. No era de esperar si quieres para tus hijos lo mejor. Pero como por aquel entonces la mayoría de las cosas que veía en la tele y aprendía en la escuela no tenían nada que ver con mi vida, eran un poco ajena, tampoco se acercaban a lo que sentía, en vez de crear una empatía alrededor de todo aquello que trataban de inculcarme en la escuela, sencillamente como no ponía  ningún interés, casi que la aborrecía y la historia en general siempre fue una asignatura que me cayó muy mal, éramos el perro y el gato. La tenia entre ceja y ceja, esa era la verdad. Nunca me identifique con los personajes históricos, ni los buenos, ni los malos, los sentía tan lejano a mi mundo que siempre pensé que era ficticio, me costaba de una forma u otra creerme sus hazañas, creo que me identificaba mas con los protagonistas de los episodios de la tele que llegaban con mas fantasías, que cuando tocaba la hora de estar sentado escuchando a la maestra, mi mente volaba de otra dimensión a el infinito, prefería no prestar mucha atención a toda esa cantaleta y la verdad que en mi cabeza no entraba. Que me importaba a mi aquel mundo de fantasmas y héroes de papel que nunca me parecieron de carne y hueso. Mi universo lo conformaban las cosas reales esas que me quitaban el apetito y el sueño, como ese olor a ajo y cebolla frita de la comida que salía de la cocina cuando todo estaba a punto de caramelo y lo único que quería era que mi madre diera la señal de sentarse a la mesa. Ya saben, el mundo de las sensaciones por el olfato, ese ya era una realidad. El verde del campo que te atrapaba sobre todo cuando las tardes no eran demasiado calurosa y a lo lejos se te perdía la vista por el resplandor del sol en aquel cielo azul de nubes tranquilas tan cerca de tu cabeza. El agua fresca  del río a una cuadra, que por entonces corría clara sin detener su curso entre sonidos diferentes como atravesando por la mitad las frágiles fronteras de la realidad. Estas iban de camino a ese lugar del que todos hablaban, el poderoso mar. Así que lo de la escuela, aunque me gustaba, prefería pasar de ella porque me robaba la mayoría de mi tiempo libre y yo no era mas que un fantasma. Pero como no me gobernaba, tenia la obligación de asistir todos los días sin ni siquiera chistar. Con eso de seguir en ocaciones las reglas nunca a habido un problema, he sabido como manejar los duros momentos en mi vida y he creado una técnica, esa la aprendí desde muy chiquito. Cuando no me gusta algo, o por lo general me incomoda, me busco rápidamente una justificación, o sea una especie de trampolín. Estar aburrido, no va con mi naturaleza salvaje, algo siempre se me ocurre para trascender el momento y volar a otros misteriosos parajes con la imaginación, así de simple. Es como hacerte el loco cuando tienes la obligación de cumplir con los caprichos de otros, dices que si a todo, haces lo que tienes que hacer, pero mantienes la mente en el lugar exacto, único, en el que quieres estar, dispuesto a obviarlo todo para saltar al vacío y de esa manera en la caída, se van diluyendo uno a uno los problemas, se escapan por la puerta de atrás sin vacilar como si rompieras la fuerza de su gravedad. Si no vas más allá de la superficie no te afectan, eso sucede cuando no vale la pena penetrar en lo más profundo. Esa técnica me ha servido incluso hasta en los días de hoy, por eso le doy gracias a dios que me mantenga sano y a salvo de los terremotos de la mente. Pues resulta que por esos días el objeto de mis deseos tenía nombre propio y era real como la vida misma. Puedo llamarle la Julieta de mi historia, para que me entiendan. Había una chica del octavo B, el aula de clases del lado de la mía que con el solo hecho de existir me tenía hipnotizado. Estaba siempre metida en su mundo etéreo y aunque parecía que no tenia alas, dentro de ella vivía un  ángel porque era demasiado callada, tan diferente a las demás y con una total plenitud en todo lo que hacia que su manera de tomarse la vida que creaba un gran misterio ante mi propia mirada, porque no le perdía ni pies, ni pisada. Su plena seguridad y sus delicados movimientos armónicos atraían completamente toda mi atención. Llegaba casi siempre temprano, todos los días, por no decir que era una de las primeras. Tocaba la viola y le gustaba leer libros de cuentos y los viernes, sin falta recitaba poesía de memoria en el matutino. Ese era mi punto débil cada vez que escuchaba su voz y releía los libros, que por aquellos días yo sencillamente  los odiaba. Tal vez por eso, como éramos dos polos opuesto era la razón que me tenía rendido a sus pies. Un hombre no lee, pensaba yo, según mi educación de guerrero esas eran cosas solo para los horarios de estudios. Y como quería hacerme el duro, no me lo pensé mucho y use para acercarme un poco mas una de mis grandes estrategias, creo que la mejor para tratar de al menos, que la ansiada princesa de mis sueños se diera cuenta de que me tenía al perder los nervios. Pues mi hermano mayor tenia un diccionario Larousse, de aquellos que eran inmenso para la mayoría, era una carga, porque nadie en la casa le hacía ni el más remoto caso. Un libro que no era muy grande, pero tenia tantas hojas que pesaba una eternidad. Podías amarrarlo con una soga y tirarlo en el fondo del mar que seguro encontraba el fondo en un abrir y cerrar de ojos. No hay nada que pese mas que uno de esos libros viejos con carátula de cartón solida que parecen como la puerta mágica a un lugar prehistórico. Me encantaba ojearlo de vez en cuando en casa, nadie le daba bola, pero era sumamente curioso para mi que siempre me gusto dibujar, porque estaba lleno de extrañas figuras geométricas, arquitecturas interesantes, obras de arte, lugares insólitos, mapas, todo tipo de animales, los normales y los que no había visto nunca, anatomía, toda esas cosas  que luego reproducía y que lograban retenerme en algunos momento,   perder la noción de la realidad y dejarme con la boca abierta, a mi, que era todo energía. Pues como tenia obsesión por la chica, decidí llevarlo a la escuela y lo hacia casi todo los días, no era que lo leyera mucho, ya dije era una carga, solo lo hojeaba, pero la mayor parte lo que hacia era disfrutar de todo aquel sin números de imágenes que de alguna manera me trasladaban rápidamente como a otro planeta y me acercaban mucho mas a ella, al menos, eso pensaba, ya se los dije, como estaba tratando de impresionar me sentía bien estando sentado en las nubes. Ese era remedio santo y a la vez le dejaba ver entre los tiempos libres de receso y mas que otras veces cuando unían  los dos grupos, de que yo estaba también para otra cosas, al menos eso pensaba y la verdad que logre de una manera u otra ganarme su cercanía sin ni siquiera hablar una palabra. Mucho tiempo después sin querer termine enamorándome de aquel libro gigante porque la chica me fue casi imposible conquistarla, la verdad que no hablaba mucho por entonces. Nunca he podido olvidar aquel diccionario, vive en mi recuerdo, soy capaz de ver muchas de sus hojas rotas por entre la portada, penetrar en su cálido intestino. Entre aquello de meter el ojo aquí y allá aprendi cosas que nunca mas olvide. Resulta que al doblar de la casa vivía un tío mío que a pesar de que era un borracho conocido, los del barrio lo admiraban, porque era muy inteligente y ademas vendía cuadro que pintaba con mucha imaginación. De eso es posible que nadie se acuerde, porque mi tío hace tiempo murió. Pero saben, por aquellos tiempos yo quería ser como él, no un borracho, pero me ilusionaba cada vez que entraba en su casa y quedaba atrapado. Tenia las paredes llena de cuadros de madera, no lienzos, eso era muy difícil por esos días, por lo que usaba colores que mezclaba con aceite, todo un especialista, los encuadraba de una manera que parecía que caían así a ti y no tenias mas remedio que mirarlos. Eso le daba a su obra un tono muy especial. La mayoría de los paisajes eran muy raros, nunca los había visto en mi vida. Eran como mu atractivas escenas bíblicas al menos pensaba, hasta que después mas tarde comprendí que  tenían que ver con pasajes de la cultura griega, hermosos lugares, sumamente apacibles donde sus personajes en túnicas y en sandalias tomaban el aire libre, en aquellas idílicas posturas que parecían como si meditaran, en una especie de retiro, así les recuerdo. Inmensos salones apacibles de color ámbar, ese era su color preferido, nítidamente dibujados buscando la paz entre inmensas  columnas. No conocía por aquel entonces nada sobre eso, pero los colores y las figuras siempre robaron también mi atención. Nunca pregunte, así que un día sin buscarlos di con una pagina en aquel bendito diccionario que rápidamente me despertó y pude saber de que se trataba. Fijase usted lo que trae el misterio de la curiosidad y adonde te lleva. Por lo que se convirtió por su oportuna relevancia, en unas de mis paginas favoritas de ese libro. La acrópolis de Atenas. Casi me lo aprendo de memoria.  Así que les digo.                                         
 Era muy joven la primera vez que leí esto que decía: Democracia (del griego demokratía) Es una forma de organización social que atribuye su poder al conjunto de la ciudadania. 

Hubo una vez una ciudad pagana, que castigada por los designios de los dioses, asediada por el azote de las guerras y la enorme devastación, acató   los mandatos de uno de sus generales, el gran orador Pericles, a quien  se le ocurrió la dichosa idea de crear un lugar único para así ahuyentar a esta de los maleficios divinos. Ya venia en boca de los oráculos, de los adivinos el desastre y  sus altos mandatarios convocaron una asamblea e invitaron con ellos a el pueblo para buscar juntos una respuesta a sus males. Y lo encontraron. Su nombre,... Atenas. Por aquel entonces  la ciudad mas poderosa de la época. Le llamaron así en honor a la diosa Atenea que la habían elegido como la protectora ilustre de la ciudad. Era feroz  en la batalla como amante también de la inteligencia y la razón. Esta ciudad identifico su esencia con esos valores y se defendió contra los Persas, sus mayores enemigos. Luego con la intención de rendirle culto por sus victorias reunieron a sus más dotados eruditos y le encargaron a su principal arquitecto, el intrépido Fídias, la construcción de un templo en la cúspide  sobre las ruinas de su montaña más alta. Allá en la cima, fue el lugar elegido. La majestuosa Acrópolis se yergue desde entonces como un gigante mausoleo despierto al mundo donde según la leyenda, los mortales vivían en comunión con sus dioses. 
Luego sus gentes bajaron al llano donde radica hoy en día la moderna ciudad y la enorme terraza quedo como espacio de mármol sagrado tendido en el aire. Donde se iba charlar, hacer sus rituales de honor y respirar el aire puro.
Dicen que olvidadas toda esa horrenda etapas de reyes y tiranos, el pueblo se reunía frente a una asamblea al menos cada diez días y participaba de las decisiones que se tomaban. De allí surgió la tan conocida democracia. De un consenso entre ambos. Y que cuando Pericles  tomos las riendas en el siglo V antes de Cristo…Pudo decirle a su pueblo estas palabras. "Somos la escuela de toda la Hélade".  Y lo cierto es que en esa época, la llamada de oro de la historia.  Atenas produjo una floración de filósofos, de artistas, escritores y sabios que son los pilares de la enseñanza de lo que hoy en día se conoce como los cimientos de la civilización occidental…seria bueno, no olvidar historias como esta en estos tiempos de locos, en la que parece que la mayoría estamos en las nubes. Eso lo aprendi desde que era aun muy pequeño y no les miento, ya se los dije antes. Tal vez para algunos esto no le sirva para nada, pero a mi, me ha servido de mucho, porque desde entonces siempre pensé en encontrar un sitio así entre las nubes donde sea posible el dialogo entre los humanos, esa señal de pura opulencia. Por mucho tiempo me pareció que eran solo las imágenes de aquel largo sueño de juventud, de mi Julieta, mi glorioso tío, de aquel mágico diccionario, pero hoy veo que no lo fue. Una vez que llegue a la cima pude constatarlo. De que no, que nunca había estado equivocado en el camino, ese lugar era tan real como la vida misma. ✋

Sobre el video:…mi amigo griego era el guía en esos tiempos en la ciudad, nadie mejor que él para entrometerme bien en sus intestinos y presentarme a su amigo, un músico de toca la Lira y que crea también esos legendarios instrumento de los tiempos de Homero, ah y que ademas vive en una casita al estilo griego justo debajo de la Acrópolis.🙏
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