Blog de historias, reflexiones, puntos de vistas. La vida, viajes por el mundo. Otra manera de narrar lo cotidiano. La gente y sus misterios

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martes, 28 de julio de 2020

En plena luz


                                                                             
Soy lo que ves. Puede ser esa calma o desastre a la vez. Depende  del cristal con que lo mires eso yo no lo sé.  Mis ideas casi siempre están al revés y mis emociones tambalean intentado buscar un centro.  Suelo ser un caos no te miento.  Pero cuando se trata de hacer lo correcto, nada me impide que me lo juegue todo, hasta mis propios huesos. No vine aquí a sentarme a esperar quejándome de como pasa el tiempo. No, de ese  material no estoy hecho. Aunque no encuentre lo que busco sigo pidiéndole a la vida que no me detenga en el intento. ¿Quien dice que el sol sale para todo? Jejeje, ese es puro cuento.  Soy lo que ves, tienes razón, pero en el fondo soy al revés. Luz

                                               🌞 El sol sale para todos.

... Le pregunté  un día a mi bisabuela que cuantos años tenia. Mi padre que estaba en la puerta de la cocina me había escuchado y me gritó  desde el otro extremo del patio,..¡Muchacho, eso no se pregunta! Ni siquiera lo intente de nuevo para no entrar en desacuerdo con mi papá. Entonces ella aprovechando que mi padre había entrado en la cocina me dijo: Noventa. Noventa? Imaginen, que  yo era un niño. ¡Noventa era como estar cerca del cielo! Le respondí sabiendo que aun estaba muy clara con sus ideas. Lucía fuerte y se veía tan bien que era difícil creerlo viéndola tan tranquila la mayoría de las veces fumándose esos puros enorme. Frente a mi cara de espanto ella no dudó y me respondió algo así. Los años van por dentro y el tiempo por fuera. Todo el mundo va para viejo mi nieto. Solo tienes que dejarte llevar loma abajo.
¿Dejarte llevar? ¿Qué es eso? Le pregunte porque no entendía muy bien eso de loma abajo.
- Soltar las riendas. Así me dijo.- Dejarse llevar por el impulso de esos días en que estas en la cima de la montaña, la emoción de los grandes momentos en que todo es color del rosa son una bendición. Hasta el viento ayuda. Desde esa altura las vistas a tu alrededor siempre son impresionantes. Es como si te dejaras caer, no más. Soltar todo lo que pesa sobre la espalda, hasta los pensamientos son una carga pesada. La miré y me dije a mi mismo, tratando de que no me oyera, pero me escuchó: Cuando estás tan cerca del cielo no creo que te preocupe mucho ya las cosas. Además no creo que queden ya mucha fuerza.
-A esta edad es difícil ir en contra de la corriente. Respondió para no incomodarme. 
-¿De que corriente hablas? Le pregunté.
-Hablo de la persona que soy. Todo es posible, de eso no hay dudas.
Tejía buscando la forma con las aguas y los hilos de estambres de varios colores tratando de cerrar la figura. Estaba entretenida, metida en su mundo, pero no perdía el hilo de la conversación. Y fue entonces que me dijo sin mirarme.
-Tu, yo y tu padre e incluso la gente. Todos somos seres con vida. Dios mismo. Esa presencia todopoderosa del señor esta en cada uno de nosotros.
-¿Dios? Era una de esas primeras veces que alguien me hablaba de Dios con tanta sinceridad y aun así creía que mentía.
-Cualquier persona en este mundo puede cambiar aun en el último suspiro de vida. Creo que puede hacerlo, esa es la verdad. La capacidad esta allí  siempre latente. Ese poder vive allí, en cada uno de nosotros.
Esa tarde mi padre me había castigado. El día anterior tuve problema bastante fuerte con mi profesor y me habían despedido de la escuela, así que el único espacio que me quedaba para estar era el patio de mi casa y no tenia mas remedio que escuchar a la bisabuela con esos cuentos. Hablaba de Dios, de la fuerza, de la capacidad del espíritu y no se que otras cosas, yo no entendía de nada se los juro. La tarde era fresca y ya había pasado lo peor, el sol del mediodía.  Ella estaba sentada moviéndose lentamente alrededor de las agujas, como si escuchara una música suave que solo ella percibía bajo de la mata de piñón impulsada por el viento y ante la mirada del perro de la casa que estaba acostado en la tierra, también como yo, con los ojos atento a ese armonioso ritmo de colores y la voz vieja de la abuela que se cortaba a la vez que pasaba la aguja uniendo las puntas de un rojo intenso.
-¡Si, Dios! No busques en otros lados que no lo vas a encontrar. Antes yo era como tu, demasiado traviesa. Hacía cosas que mis padres no le gustaban y por eso no salía de un castigo a otro. Después uno creces y creas sus propias reglas. Nunca fui a un escuela y con eso no quiere decir que sea ahora una persona inculta, he criado cinco hijos y estoy orgullosa de ellos, mi vida fue un desastre, pero nunca he perdido el aliento. Eran tiempos duros, pero yo intentaba mantenerme casi siempre ocupada, me gustaba tejer, así lo hacía cuando encontraba el momento. Nunca he dejado de hacerlo. Para eso he tenido siempre un tiempo, no sé de nada tan placentero. Al principio era muy difícil, me costaba ansias terminar las cosas que hacía, ya sabes, cuando tejes, el mayor enemigo es la prisa, como en la vida, pero lo seguía intentando. Nada mejor para evitar todos mis problemas. Pero un día llegó  el milagro. Vino cuando menos lo esperaba. Fue en ese momento que pude ver que esa fuerza de dios estaba en mi. 
-¿Tejiendo?
-No busques esa fuerza del señor por otro lado que no la vas a encontrar, ya te lo he dicho. Por lo menos de esa manera en la serenidad llegó  a mi años después.
-¿Y como es él? Le dije riendo, pero con respeto, estaba cagado de miedo.
Se comenzó a reír y fue ese el único momento que dejo de hacer lo que estaba haciendo. Estiró la mano le hizo una señal al perro que se le acercó y luego me dijo:
-Nunca te creas el cuento de que dios es uno de esos espíritus que aparece y desaparece de la vista para decirte lo que tienes o no que hacer, o que esta bien o que no.
-¡Abuela soy un muchacho! Le dije. Me hizo una señal para que me acercara. Mi padre tenia otros concepto y eso no lo iba aceptar aunque nunca le contradecía a la abuela
-Esa son las cosas que te enseñan en la escuela y en la iglesia. De que dios es poder. Y solo tienes esa capacidad de experimentarlo cuando puedes joderle a otro la vida. 
Me acerque y ella levantó al aire la pieza como una bandera y me la enseñó para que viera que ya tenia la forma de un pequeño gorro amarillo, verde y rojo, la verdad que era maravilloso y se lo celebre. 
¡Abuela que colores mas bonitos!
 Fui a cogerlo con mis propias manos y no me dejo, tenia yo las manos muy sucias.
-¡Escucha!, tus colores favoritos, tus gustos, tus pasiones, las cosas que has aprendido hasta ahora, todas tus experiencias. Esa es la idea del muchacho que crees que eres. Cómo es que te proyectas a la gente y lo que esta creen de ti. Pero eso no es lo que eres tu, jejeje.
A esa altura de la que hablaba ya mi bisabuela daba miedo. Ni siquiera sabía a que se refería, pero yo no sabia porque continuaba escuchándole.
-Nos dominan las circunstancia, estamos prisioneros por nuestras buenas y malas conductas y nos guían los pensamientos.
Ella hablaba mal de estos, de los pensamientos, al menos eso era lo que entendía sobre esa basura que hemos ido adquiriendo con la experiencia que muchas veces se vuelve ante nosotros como si fuera nuestro mayor enemigo y reaccionamos de alguna forma ante esta, aun sabiendo que cada vez que escarbamos un poco en la superficie, sacamos uno de esos problema o muchas veces estos te llegan sin mandarlos a buscar. Los obstáculos están por lo general en el camino. Que estos aparecían solos y no tenias que mover mucho las piedras. 
Me contó que había estado una vez muy enferma y como se sentía tan mal lo único que encontró para consolarse en ese momento fue tejer y tejer. Así pasó la noches después de una semana en cama. -Tejí tanto que hasta perdí hasta la noción del tiempo. Llegó un momento en que no sentía mis manos. Como me sentía tan mal dejé de seguir a mis pensamientos, evitarlos a toda costa cada vez que llegaban, porque no eran sanos. Estos se convirtieron como en nubes de paso, llegaban, pasaban y se  llevaban mi cuerpo. Todo desapareció de mi memoria mientras mis manos seguían tejiendo. Eso me dijo, que de repente  le embargó un enorme silencio. -Conocía ese silencio sobre todo al tejer, la pasión y el movimiento monótono de las manos con las agujas son como un sedante, porque dejas de tener el control de las cosas y se tragan a las palabras. Disfrutaba del silencio. Así fue que dijo, pero que esa vez fue diferente. Pudo darse cuenta que el silencio estaba allí y ella era testigo de su presencia. El silencio es algo que no haces, que tampoco puedes controlar. Aunque crees que es algo que puedes llegar a hacer, este habita mas allá de las cosas porque ha estado allí siempre. El silencio no tienes forma. Ni tampoco tiene nombre, no tiene identidad. No pasado, no futuro. No principio. No final. No mañana, no ayer. Está en todos los lugares. Existe aquí y ahora, es algo eterno 
-¿Sabes? Así me sentía yo, como parte de ese enorme silencio cuando mi cuerpo se esfumó 
Así me dijo. Que todo a su alrededor comenzó a perder el sentido, como si nada mas existiera. Fueron horas de calma de tranquilidad, pero sobre todo de paz. Nada comparable a ese momento donde todo se detiene y dejas de ser la persona que eres y entonces comienza a emerger por un lugar de ti, ese ser que en realidad eres. Ese que no tiene un pasado, no tiene un futuro, no tiene una historia, no tiene ni siquiera un nombre, porque tampoco tiene una forma clara. Esa presencia que tu sabes de seguro que eres tu, emana de ese único espacio en el que vive y tu lo notas, no te hacen falta los ojos para verlo, ni las manos para tocarla. Es esa parte de ti libre, oculta por el paso de los años, por las costumbres, por tus puntos de vistas, por todas tus limitaciones, tus miedos y tus emociones.
-Abuela me estas dando miedo, no me gustan los fantasmas.
-No hablo de fantasma. Esos son cuentos de caminos. Los fantasmas no existen.
Tomó una bola negra de estambre y comenzó a insertarla entre las agujas, había pasado mucho tiempo desde que ocurrió esa historia que me contaba porque en esos momento ya de ella no quedaba mucho y sus movimientos en la mano dejaban mucho que desear, eran certeros pero demasiado lentos, oxidados, rancios, pero su espíritus era todo lo contrario. Su rostro estaba relajado, emanaba paz, aunque al mirarla pareciera que te dejaba escapar una sonrisa. Esas horas de monotonía mientras tejía habían  lograron amansar la pantera en su mente y allí en medio de esa tranquilidad se sentía feliz. Sin juzgar nada, sin exigir nada, sin esperar nada. Esas horas de desvelo habían salvado su vida y nunca más se enfermo y de eso había transcurrido más de cuarenta años y allí seguía con la proa de su cansado barco a la deriva mirando a la mar, arribando a casi un siglo de existencia. Intentando enseñarme algo que todo el mundo desconocía, pero ella me dejaba ver entre dientes. Que hay algo dentro de ti, que es como una luz que lo observa todo, lo mueve y es parte de tu vida para bien, o para mal. Que se manifiesta de diferente forma, pero con el solo hecho de que sepas quien realmente eres en este viaje, aunque eso no es lo que importa. Lo que realmente vale la pena, es que te des cuenta de una vez, que en ti está ese poder de cambiar las cosas, esa fuerza de la que formamos parte alguna día. Hay muchas formas de llamar a esa energía. Hay quienes hablan de un Dios para referirse a ella porque no encuentran un claro motivo a sus especulaciones.  Pero por la forma en que me lo dijo mi bisabuela, yo sigo creyendo que esa luz existe y vive en nosotros mismo. Esa fuerza del espíritu libre que me dejó, nunca la he olvidado. Todos vinimos acá a ser libres. Experimentar esa libertad en carne propia y sentirla, esa es la cosa más bonita del mundo. Porque si alguien es libre, aun aunque no lo intente, esa luz, se esparce por muchos caminos. Ese es el poder y la capacidad del espíritu humano.





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martes, 12 de mayo de 2020

Los platos rotos de An


 Yo respeto a las personas que están dispuestas a morir por lo que realmente quieren. No importa si es por amor o por una mujer o por un sueño. Cualquier cosas en que realmente crean. Cualquier cosas que transcienda al nivel de exigir esa sensación amorosa en el instantes y sacarla de dentro….Miro el amor en el compromiso de que pueda elevarte a tu gran potencial. Esa fuerza natural que tenemos dentro. Así es como la gente se debe sentir cuando van a su objetivo por lograr lo que quieren, viene de ese gran potencial. No importa lo que sea, ser buen padre, buena madre, perder 30 libras de peso, pasar una dura prueba, de esa forma te examinas ante la vida…y así, siempre quieres ganar la batalla..eso eleva tu nivel a tu gran potencial, sin dudas….Que te mires a ti mismo en tu mas grande forma..(fashion)

                                                                   Mike Tyson.


                                                         Los platos rotos de An

El rostro de An no tenia ningun desperdicio cuando la miraba bien de cerca. De esa manera las cosas cambiaban, tomaban un tono mas intimo, nostálgico, hasta  parecía real, porque aquel gesto era muy suyo. Una de esas fugaz mirada de ella, las de siempre, limpias y acompañadas por una sonrisa a la nada, fuerte y contagiosa que podías sentir como sus estrepitosas carcajada que venían y se dispersaban en el espacio, buscando tocarte, llenándolo. Esas risas de An, nunca la podría olvidar, porque Angélica, como en realidad se llamaba su nana, tenia el alma tan clara y transparente que no era difícil ver lo que ella en el fondo pensaba. Era así, una suerte poder pasar unos días con ella, únicos.  Luna había llegado el día anterior desde Nueva York donde ahora vivía. Había nacido allí, en la ciudad de la gran manzana, pero desde muy pequeña sus padres se trasladaron a la Habana, allí creció y fue donde había pasado casi todo ese tiempo hermoso. Ahora era una joven plena, bastante florecida, con ideas propias y muy objetivas. Llevaba unos años viviendo en América y aunque todo su mundo había cambiado de la noche a la mañana desestabilizando un poco su vida, ya parecía que comenzaba a cogerle otra vez el ritmo.  Había crecido muy rápido  y ahora  era que lo notaba, frente a frente a esa inolvidable fotografía en blanco y negro ante sus ojos, exhibida en un cuadro al entrar en la sala de An, como un trofeo colgado en la pared del centro. Estaban las dos juntas, An con la mirada perdida a un lugar pero con gesto tierno, cercano y el de ella, detrás, como  en aquellos inseparables días.  An siempre estuvo a su lado desde que era una niña y aun recordaba lo unida que estaban a pesar de ser tan mayor y de todas esas historias que peinaban canas que le contaba mientras le daba un baño cuando llegaba de la escuela. El tiempo había pasado con mucha prisa y dejó sus huellas claras sobre su semblante, porque la nana que había dejado hacía dos años atrás, había  envejecido mucho producto de su recaída y hasta la notaba cansada. Estaban las dos tan felices que parecía como si se hubiera detenido el tiempo en esa fotografía. Su nana estaba algo enferma, desde su partida las cosas no fueron iguales, había regresado otra vez a su soledad y sus fuerzas no eran las misma, pero aun así,  tenia intacta su manera de ser, altiva, suave, dulce, esa que le era tan familiar a ella y que le hacían sentirse toda una privilegiada. Porque Angélica era un Angel y sabía que había tenido la suerte de crecer cerca de sus cuidados. Jamás encontraría una nana mejor en el mundo que la buena de An, le había llamado así desde pequeña, y aunque se lo aclaraba muchas veces de que en ingles, ants, con t eran las hormigas y se reía cuando se lo decía, ella siempre le respetó. Cuando su nana se enfadaba se ponía muy seria y eso lo tenía presente, ella no soportaba las malacrianzas. Así que había que escucharla, no podías hacer otra cosa. Que si tenia que hacerlo? Eso lo sabe muy bien, la nana cambiaba hasta de colores cuando se desahogaba como si el oxígeno de su cuerpo en su regreso, buscara un sitio dentro de su normalidad. Como si el aire que tenía comprimido en su vetusto cerebro, se le escapara por la sangre y le devolviera de nuevo la sonrisa, porque An era una sabia, así mismo. Y si te decía esto está mal, era por alguna razón. Aunque muchas veces entraban en alguna discusión sin sentido, eso paso muchas veces, entonces tenía que calmarla y decirle de que era una hormiga grande y buena. 
Lunaaaa…!, Le grito desde la cocina en el momento que se dirigía al cuarto. Dale, que el desayuno esta listo. 
Yo no quiero desayunar le respondo Luna. 
Como que no vas a desayunar jovencita, usted no me sale de aquí hasta que no tengas algo en el estómago. Como me vas a decir que no tienes hambre? mira?...Allí esta, condumio, y hizo una señal con la mano como el que se lleva una cuchara a la boca.
Es que tengo el estomago un poco descompuesto, parece que fue todo lo que comí en el viaje. Todavía siento la comida del avión aquí dentro.
Si, pero tu no sabes que tiempo vas a estar fuera y tienes que estar preparada, esta es la Habana, aquí se chancletea, no…Niu yooo…como es que tu dices. Se rió.
Vale, voy a comer algo, pero la verdad que no tengo apetito. 
Comieron mientras hablaban y sobre todo se rieron mucho, era siempre así, tenían mucha química.
Ahora te vas y disfruta de las amiga y de la habana, hace una calor tremenda y te va a venir bien recordar los tiempos mozos, jejeje. No le echabas de menos?
Si, la extrañaba mucho, sobre todo a mis amigas.
Y a mi, le dijo la nana.
Claro, como no te voy a extrañar. 
Y no me extrañes pa que veas. Que voy a decir por allí desde que te mudaste para los Estados Unidos, se te cayeron los colores, porque con la gloria, se olvida la memoria. An, se rió, pero esta vez mucho más. Se sentía agradecida por tenerla cerca por unos días. Luna fue hasta ella y le dio un enorme abrazo y un beso. Yo te quiero mucho le dijo y permaneció un rato entre sus brazos como en aquellos hermosos días, tranquilos, en silencio, cómoda, como cuando ella era la única persona que estaba a su lado en las apacibles noches de la Habana.  Sabia que aunque An no decía nada, no había  podido reparar en esos días de separación y era ahora que se daba cuenta que tenia que aprovechar al máximo de esos días en que pasaría una semana en la ciudad con las amigas. 
Es así como siempre he considerado que la vida es en lo mas profundo, un poquito complicada. Esto te lo digo sin pelos en la lengua. No hay porque temerle a lo que esta por venir. Sentir temor no es cosa mala, ocurre por alguna razón, también tarde o temprano llegan las dudas, pero en lo que una cosa va y viene, deberíamos aprender de ella, hablo de la vida.  Es así de sencillo. Cuando un día te das cuenta que los golpes enseñan. Te preparas para defenderte de ellos. Y que las cosas en ocaciones te empujan sin medidas a buscar un  culpables, no pierdas tu tiempo.  Tenemos que liberarnos de ese terrible sentimiento de culpa que no arregla las cosas, no, nunca resuelve absolutamente nada.  Y lo peor, cuando no encontramos en quien echarle ese peso de las adversidades  terminamos por castigarnos a nosotros mismo. Es de esa forma en que ocurren los problemas, somos adictos a crear malos entendidos y a boicotear sin vacilar el motivo de nuestra propia paz dándole créditos a la cosas que ya pasaron y también a las que vendrán. Cuando pasan los años aprendes que no puedes culpar a las experiencias, ni las fatigas dentro de tu propio ser. Es como si cruzaras la frontera y te pararas en el otro bando y vieras la vida pasar por delante desde tu punto de vista más sabio, mucho más objetivo y diferente, sin que te afecte en lo más mínimo. An había visto crecer a Luna, que era como una nieta. No tenía otra forma de verla. Vivía sola, abandonada por la familia en un barrio al sur de la Habana, que no perdían su tiempo en ir a visitarla. Sobrevivía entre las novelas de la radio, los programas de la televisión, en ocasiones los vecinos y las revistas viejas que leía y releía. Tenia una hija, que llevaba tiempo que no sabía de ella, a veces hablaban por teléfono, pero esporádicamente y su nieta, con la que había pasado también mucho tiempo, hasta verla florecer, se había casado y desde que se largó, como decía, desde entonces solo pasaba si se encontraba por el barrio a saludarla. En realidad su vida había sido un poquito complicada…o mejor dicho un tanto tropelosa, en un sube y baja constante que solo ella en lo mas profundo podía calcular el peso de su deterioro. Pero hay persona que nacen así y que sus espíritus no cambian de bando, ni siquiera tienen la duda de ser un día mancillados, porque no creen tan fuerte en el jodido dolor y no se dejan engañar de ninguna forma. Se mantienen puro a pesar de la derrota y así era el de An, feroz y radiante, un espíritu de luz aterciopelado como aquellos peluches de su niñez,  sus muñecos inseparable, sus grandes compañeros en su sueños y guardianes de sus silencios. Los habían acumulado alrededor de la cama hasta el día que dejó la Habana que tuvo que deshacerse de alguno de ellos regalándolos, pero aun con ella, en su propio cuarto de New York conserva sus preferidos, a la Malula y al Dorian, el payaso de trapo. 
  An era una mujer mayor, rondaba los ochenta, pero unos años atrás todavía lucia fuerte. No podías reconocer con exactitud su verdadera edad. Había sido enfermera y se buscaba la vida cuidando ancianos hasta que le llegó la oportunidad de cuidar a una niña. Ese hecho de estar involucrada en una vida joven la llenó otra vez de entusiasmo y hasta le crecieron alas, disfrutaba tanto que cuando estaban tan juntas Luna la veía como una abuela. Era parte de su familia. An le había entregado todo su tiempo y todo lo que no pudo dar ante a su verdadera hija y a su nieta, como lo tenia ahora sin medida a montones, lo daba solo por disfrutar en lo mas profundo, sentir la brisa de lo nuevo que llegaba puro y como tenia la edad para soportarlo, lo dejaba escapar hasta en sus suspiros, porque cuando estaba cerca de Luna, ella nunca tenia ninguna prisa. Se detenían las horas. Cuando eres bastante mayor, hablo de la vejez, ya no piensas mucho, ni tampoco estas tan interesado en arreglarlo todo. Ya uno no esta para eso, solo importa lo que llega a la cabeza de repente y se le busca una salida. En ese momento de la vida uno regresa a las cosas sencillas. Entra otra vez en su ritmo y se entonan a su sintonía. Es así de hermoso el proceso de la vejez cuando ya no te preocupan los años, ni lo que la gente diga sobre ellos. Tu a esa edad estás en la conexión total con el tiempo y es cuando llega el momento de sentarte con los asuntos sin resolver. Eso no falla. Por muy alta que este el punto en la cima, tienes que bajar y poner los pies otra vez sobre tierra firme que es donde se vive mejor. Es de la única manera que se recobra el equilibrio perdido. Allí en el fondo, justo en el sótano es donde yacen los demonios y esos no te abandonan, son una carga lo digo siempre y si no estás dispuesto a cambiar de pagina, allá tu con las consecuencias. Por eso de una forma u otra tenemos que bajar un día a ese rincón, acercarnos sin miedo y asegurarnos de que todo los pedazos que no cuadran es hora de tirarlos a la basura. Nada puedes hacer con los platos rotos. 











Con solo pasar un tiempo con An cualquier persona a primera vista diría rápidamente que es buena. Que tiene el alma noble, eso no falla. Es muy fácil leer mirándole la cara a un viejo. Puedes definirla fácilmente por la superficie como el que lee un libro de historia antigua. El tiempo no perdona en esos casos y va seguro con su implacable rotulador dibujando las huellas que va dejando el pasado, bordeando los rostros de las personas, arrancándole su propia naturaleza. Si has sido una persona dura, despiadada, egoísta o si la vida te ha golpeado miserablemente, todo ese daño y el dolor resplandece a priori cuando te miras al espejo, frente a frente lo sientes tan tuyos que odias tu propio autorretrato. Pero cuando miras a una persona como An, rápidamente puede imaginar de que ella no es ese tipo de gente. Que lo mas posible es que no haya tenido suerte en la vida. Eso ocurre a menudo y nadie sabe porque. En tu rostro se puede reconocer tus victorias y tus derrotas. Todas vienen en el mismo recipiente que brota del alma.
 An era clara con sus sentimiento, les daba alas y los echaba a volar sin freno. Estaba lo suficiente curtida por el tiempo y ahora mas que nunca veía las cosas tan clara. Los años no pasan en vano, se acumulan como piedras endureciendo el camino. Así que lo mas recomendado por su mente vieja que había soportado el peso de la soledad y en su experiencia cuidando enfermos a lo largo del tiempo, que lo único que valía la pena es ir apartando todo aquello que no le hacía feliz buscando crear a propósito ese gran espacio libre para las otras cosas que vendrían y de una manera acomodar en su viejo cuarto el mundo, al que preparaba como si fuera un nuevo huésped que llegaría con el futuro. Con una cabeza así, tranquila y con las cosas en su lugar, estaba consciente de que hasta el ambiente cambia, se vuelve fresco, confortable, se oxigena del aire que trae un mundo nuevo y en el que te tienes que dejarte llevar porque en este, sabes que estás de tránsito. Venia de una infancia muy dura, tanto que las huellas caladas en sus hueso le dejaron mas de unas veces la duda de que en ocasiones las cosas no funcionan, que no deberían de ser de la forma que son, pero no le pudieron apagar sus ansia de poder olvidarla y hasta de enfrentarlas hasta el punto de aborrecerlas y hasta aborrecerse en si misma. Pero el tiempo en su propio paso cura siempre las heridas. Por lo que se sentía plena aún en su soledad. Eran casi ochenta y a esa edad las cosas se vuelven mas complicada si le empiezas a buscar falta. Así que lo mejor es no esperar nada de nadie por eso se conformaba con lo que tenia, aunque ella hubiera querido mas, como todo el mundo, La vida  suele ser injusta, o tal vez cada quien tenga una misión que cumplir y llegas a este mundo  de la manera perfecta en que te conviertes un aguanta golpes. Como le había pasado a ella que desde niña había conocido en carne propia lo que era estar sola…
An estaba parada en la cocina, sus manos oxidadas renqueaban, pero sabía que en la vida como en el ring sabes lo que te juegas y cuando lo entregas todo es para ganar tu lucha, así que en momentos en que estas de rodillas, lo sabes, eso no se olvida, no puedes pedir clemencias, que estás aquí para luchar y eso es lo que importa, no quedarte con los brazos cruzados esperando que el referí, pare la pelea. eso no hacen los buenos peleadores, lo había visto siempre en el deporte de los cuadriláteros, nadie en su juventud se los perdía en aquellos tiempos en que peleaba Teófilo Stevenson, su héroe, las peleas de boxeo. La grandeza de superar en la vida esos momento de fragilidad donde te sientes débil. Bastaba con no hacerle mucho caso, solo volver, otra vez y esa vez, mucho más fuerte. Le dolían sus brazos viejos, pero ya estaba acostumbrada, pero aun así estos no habían  perdido la suavidad que generaba la monotonía. Se movían exactos, jamás aceleraban su ritmo en su paso. Iban como en armonía mientras giraba el cuchillo y le quitaba la cáscara a la traviesa naranja que se movían en espiral. Fue así, que sumergida también en el silencio entrecortado por los tranquilos chirridos que producía el aceite hirviendo que había quedado en la sartén  con los restos de los huevos fritos, que sintió paz. Se secó las manos, miró al reloj, se acercaba la hora de novela. Se dirigió a la sala y fue justo a la fotografía en blanco y negro donde ella estaba retratada con Luna. Se sonrío observándola cuidadosamente. Luna estaba grande y hermosa  ahora. Se había convertido en una joven muy inteligente y de buen corazón. No tenía ninguna duda, la quería mucho. Se sentó en el sillón y encendió el radio, recostó la cabeza hacia atrás y cerro los ojos como si estuviera dormida y respiro profundo dandole las gracias a dios por sentirse acompañada. 
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