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sábado, 27 de junio de 2020

En su propia trampa

                                             

                         "tres cosas en este mundo que no pueden ser ocultada
                           por mucho tiempo. El sol, la luna y la verdad."
                                                                                                    buda.


  Como en la historia del Titanic, todo el mundo en el barco vio  el iceberg. Esa montaña de hielo que intentaron evitar, dejar a un lado, pero nadie vio que debajo, oculto en el océano ese iceberg se extendía bien profundo a lo lejos. Eso es lo que el subconsciente es, esa parte de nosotros que conduce nuestra vidas. Este vive en el presente, no en el pasado. Es el que lo hace casi todo por nuestras vidas. Es la razón por la que tu tomas ciertas decisiones. Es el motivo del porque tu usas ciertas ropas, escoges ciertos colores. Este es el timón  y termina de programarse en los primeros años de la vida, no toma mucho tiempo y es así que maneja el mundo que ves, manejando tus juicios según las experiencias. Dentro de nosotros, en las profundidades vamos contrayendo  ciertos hábitos, conductas, actitudes, que debemos entender y llegar a perdonarnos un día. Comprender que cualquier cosa que nos pase esta fuera de nuestro control y así poder liberarnos de estas historias… O haces la paz con tu pasado o sino este te va perseguir por siempre en el presente con esos, sus asuntos sin resolver.


                                                              
  Esta es una historia que escuche muchas veces cuando era niño. La entendí bien hace tan solo unos días atrás que fue cuando realmente pude comprenderla. En tu propia trampa. Me gusta cambiar las cosas de tono, porque creo que así tienen un mejor sabor. La vida aunque parece una cosa seria y complicada, no lo es tanto. Es pura vida. Uno no debería creérsela de esa manera tan estricta como dicen que es. Porque eso es mentira. De ese modo juzgándolo todo a cada minuto es imposible llegar a algún lugar. Esa fue la lección que aprendi y les digo, me costó mucho reconocerlo. No se puede luchar contras nuestros propios fantasmas, solo debemos rendirnos ante ellos. ¿Que si cuesta rendirse? A la mayoría le resulta imposible. Porque la vida es lo único que en realidad tenemos y lo mejor que podemos hacer con ella es, sacarle el jugo. Si no te dejas llevar por la corriente, las cosas se complican aun más  se vuelven feas, torpes, pierden su cara mas dulce. Como le ocurrió a este joven que salió a ver salir el sol una rara mañana, pero no pudo.

 Un joven pescador había decidido desde la noche anterior ir al mar, porque eran días tranquilos, los mejores para tirar su atarraya y pasar la tarde.  Su cabeza no andaba bien, las cosas no estaban funcionando como el quería. Había tenido una fuerte discusión con su mujer. Ella no entendía como era que había perdido su trabajo. Como la casa no era en ese momento un sitio para estar, decidido ir a coger un poco de aire. Por lo que se levantaría muy temprano en plena oscuridad para no molestarle. Conocía un hermoso lugar cerca del acantilado y a este se dirigía cada vez que podía. Los peces en el lugar eran grandes y muy buenos. Tomo ese día la larga carretera que lo llevaba a ese mágico promontorio. Como pescar era su pasatiempo favorito y además la tranquilidad del lugar le traía la paz, supo que eso podía ayudarlo a tranquilizarse un poco y tomarse las cosas con mucha calma. Así que esa noche no dudo a la hora de poner en su viejo Chevrolet Ford todo lo que en realidad le hacia falta, los nailon, la carnada del cebo, agua, un bocadillo de queso blanco y el termo de café. Al otro día desde muy temprano, en plena oscuridad partió al lugar. Después de recorrer unos kilómetros atravesó por un camino desierto para así explorar algún que otro sitio desconocido, cuando de repente se le ponchó una rueda de su viejo automóvil. Algo enfadado por el inesperado percance lo aparcó a la orilla del camino, le dio unos punta pie a la goma y se dirigió atrás con la intención de cambiarla. Pero cual fue su sorpresa al abrir el capó y no encontrar el gato mecánico, lo necesitaba para la suspensión y le busco por todos los rincones pero no lo encontró. Cómo podía olvidar algo así tan importante. Su enfado era tal que se quedo unos minutos esperando que alguien pasara y relajarse. Pero eso no ocurrió. Ya no quedaban rastros de las ultimas personas con que se cruzó en el camino. El sol a esa hora se estaba volviendo intratable y en su cabeza los pensamientos comenzaban a arder.  Buscando un poco de sombra se recostó a su vehículo y con la mirada perdida entre los arboles y el aire fresco muy a lo lejos vio una casita. Era como un punto blanco en la lejanía. Como ya llevaba mucho tiempo en el lugar y no pasaba absolutamente nadie, se le ocurrió la idea de acercarse. Su enfado aumentaba cada vez que pensaba en la casita. Estaba tan lejos, que con solo mirar a aquel punto blanco, su fastidio iba en aumento. Dudó varias veces en medio del camino si acercarse o no. Se detuvo para regresar y seguir esperando, pero obligado por encontrar una solución, intentó otra vez seguir sus pasos. ¿Y si no hay nadie en esa casa? Se preguntó  Bueno no seas tan negativo, así mismo se dijo y continuó. Unos pasos mas allá  se detuvo otra vez. ¿Y si no tiene un gato? Ok, pero a lo mejor tienen otra solución. El hombre se animó y siguió su camino. La casita estaba mas cerca. Había dejado todo en su carro y pensó que alguien podía robarle. Su vara de pescar era muy cara y cualquiera daba una fortuna por ella. Quizo regresar a buscarla. Pero se había dado cuenta, que ya era tarde, pensar así era una bobería y continuócontinuó una y otra vez, haciéndose más preguntas, inventando las respuestas y viendo fantasmas en todo lo que se suponía y así sin darse cuenta dio con la casa. Era de madera grande y con techo de guano, pero estaba cerrada. Allí a unos cincuenta metros delante de sus ojos se detuvo. A lo mejor no hay nadie. Dijo otra vez para si. Y si el que vive dentro es una mala persona. Pero ya estaba allí y tenia que intentarlo, así que se fue acercando. No encontraba una señal, las ventanas cerradas, los animales campando a sus anchas en el patio. En ningún rastro por los alrededores pudo reconocer que le dijeran que dentro habitaba un alma, nada. Tanto era su desconsuelo que su enfado fue en creciendo cuando al mirar para atrás, vio el lugar de donde había venido y estaba ya tan lejos, que el Chevrolet tan diminuto,  parecía un puntito azul en el horizonte y sus dudas eran tan enormes, que se lanzó  directamente a la puerta. Tocó, tocó y tocó. Por un lado del patio apareció un perro que le ladraba ferozmente sin acercársele. Intentó con su enojo coger algo para defenderse,  en el momento que alguien le abrió la puerta, alguien que el ni siquiera vio, era tanta su rabia, que solo le dio tiempo a decir…hola, a la silueta adormilada en la penumbra…Que le preguntaba, ¿que usted necesita?..¿Que necesito? le respondió el hombre montado en cólera. Mire,…se mete usted ese gato en el ..cu….olvídelo. ¿Yo?,.. yo no necesito nada. Me voy. Y dio media vuelta y se marchó. Iba perseguido por los perros que ladraban detrás, unidos a otros dos que aparecieron de repente. Tomó el camino de regreso, aun más irritado. Esta vez llevaba de regreso muchos mas problemas que los anteriores y estaba completamente agobiado.  
  Los ojos no sirven de mucho, si la mente se niega a ver. Esta historia es la prueba de lo fácil que nos inventamos historias negativas a la hora de enfrentar y buscar una solución a nuestros propios problemas. En vez de adoptar una mentalidad positiva o dejarse llevar por lo que el azar nos tiene reservado. Hacemos en estos casos lo peor, le damos la responsabilidad a nuestros propios miedos para que se encarguen y tomen las riendas del destino. Y cargado de resentimientos, de dudas, nos convertimos en eso, en el infierno de lo que nos rodea más a menudo.
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sábado, 18 de abril de 2020

El Despertar


                             No teméis, porque llegará un día cuando la tierra caerá enferma por la codicia del hombre blanco que hará que los peces mueran en las corriente de los ríos, que las aves caigan de los cielos, que las aguas ennegrezcan, que  los árboles no puedan tenerse en pies y la humanidad como la conocemos dejará de existir. Cuando no quede ninguna esperanza de vida, algunas personas despertarán de su letargo. Gentes de todas las naciones, de diferentes lenguas sin importar el color, ni la raza, vendrán juntos codos con codos y ellos mismos se encargaran de restaurar el planeta, llevarlo de regreso al equilibrio, ellos serán llamados así: " Los guerreros del arco iris."

         (Ojos de fuegos, la anciana de la tribus)             (palabras pronunciadas en el siglo XIX)
                                                                    

           ....................................."El Despertar".........................


            Ya quedaba muy poco para que cayera la noche, pensó que aquello era tan solo una pesadilla y no le hizo mucho caso a sus pensamientos, para que, si eran turbios, en ocasiones hasta turbulentos. Aquel viejo libro sobre guerreros de las tribus había desparecido de su mochila, posiblemente lo dejó cerca de la boca del pozo donde estuvo bebiendo agua, fue allí donde único se detuvo, era una pena perderlo. No entendía como podía estar en muchos lugares al mismo tiempo. Esas cosas no pasan de esa manera en el mundo real, así se dijo y siguió caminando. Tenía la sensación de que estaba soñando, pero no, no lo estaba. Ante su mirada, todo le pareció tan real como la vida misma, las casas que ya no estaban, tampoco el flaco y sediento doberman negro, el perro que bebía agua en aquel sucio estanco y que le  siguió detrás unas cuadras hasta desaparecer por una de las esquinas como si fuera un espíritu. Habían quedado ya a lo lejos, también la bondadosa señora que se le cruzó por delante a la salida del pueblo. Fue precisamente ella la que apuntando a un lugar invisible en el espacio le enseñó la dirección del camino y aquella estrecha carretera que parecía que no acababa nunca. Era todo demasiado cierto y lo único que le interesaba ahora era encontrar al menos una salida. Así que no detuvo sus pasos deliberadamente, lo hizo con una sola intención, de reaccionar antes ellos, sus propios pensamientos, porque esa salida que buscaba no la había. Estaba en medio del desierto, nada puede ser peor cuando está cayendo la noche y estás completamente solo. Cualquier cosa podía ocurrirle desde ese punto del camino en adelante. Si, estaba muy asustado, no sabía cómo había llegado a ese lugar, ni cómo se las iba arreglar para sobrevivir, sin embargo  tenía la propia certeza de que a él nada malo le podía pasar. "El desierto en la noche está a merced de dios y cuando es de día estás a merced del diablo". Aminoro la marcha un poco para lidiar con la fina arena que lo detuvo, había perdido la visibilidad y solo la encontró mirando arriba a las estrellas. Nada por ningún lugar de los alrededores, sin la claridad esa lejanía ya no existía y la propia oscuridad se había tragado la inmensa línea del horizonte por lo que todo lo demás desapareció de un planazo. Estaba tan desesperado. Aquello se parecía a el mismísimo infierno. Nada puede ser peor que estar solo en el desierto. Pero esta vez si estuvo en lo cierto. Tenía que ser un sueño. "No hay un lugar más terrible en el mundo cuando cae la noche que el desierto", pensó. Era mucho mejor el resplandor del día con ese sol repugnante achicharrando la cabeza o  esos molestos vientos de arena impidiéndole avanzar, que esa maldita oscuridad que ahora le consumía. Se detuvo, miró otra vez a las estrellas y se dio cuenta de que ya nada podía hacer. Tampoco sabía una pizca de orientación. Quiso continuar, era su deseo, pero en medio de la oscuridad en que se encontraba y que le llegaba desde todas las partes, no iba a llegar lejos, le era imposible. Así que decidió por lo primero, dejarse llevar por las estrellas y el viento que parecía que le susurraban una rara canción. Se elevó su sonido profundo en el momento que le empujaba con la brisa tratando de impedir sus pasos. Una fuerte ventolera fue quien le detuvo finalmente, parecía hecho a posta, lo empujó hacia atrás revolcándole de un tirón en la arena movediza cuando escuchó aquel ruido estridente. Ese extraño golpe que le despertó. "Estaba soñando”. Dijo cuando se percató que era cierto.  El viento había tirado de las cortina y una de la persianas se abrió y al cerrar , dejó caer fuertemente sus cristales como una afilada guillotina sobre el marco de la ventana del cuarto, fue entonces que se sintió más tranquilo. Aquel ruido le había sacado del terrible sueño, ese inesperado golpe seco, como el de un disparo. Aun tenia esa cara de zombi y los ojos como si llegara de otro planeta. Pero sonrío. No es para menos. Era mejor darle las gracias a Dios por haberlo sacado de esa pesadilla. Escapar de la única forma que pudo, de la poderosa mano del señor. Miró encima, el blanco techo sobre su cuerpo era la señal, este era el mejor lugar para estar, no el anterior.  Se levantó de la cama, no había dormido bien y tenía la cabeza cansada. La arregló como pudo, apilo las almohadas, apago la laptop y llevo la guitarra para un rincón. Dejó el libro como estaba, panza arriba aunque ya había pasado la página que estaba leyendo.  Eran casi las siete de la noche y por la ventana, el cielo estaba aún muy claro, azul prusia, aunque en una hora ya sería de noche, parecía ese el mejor momento del día. Pensó bajar a la cocina y calentar un poco el café. Pero ese cielo azul era un milagro a esa hora. Además el sol estaba estupendo, un enorme disco color naranja de telón de fondo que escapaba por detrás de las chimeneas de ladrillos a un ritmo muy lento, flotaba en el más inmaculado escenario. Una tarde como esa no la podía desperdiciar, esta tenía algo sumamente especial, un encanto. Le hacía sentir quién era él  en realidad en medio de esa nada que llegaba de repente con su aliento salvaje, acercándolo a aquellos días en que tan solo era un niño y el tiempo a su alrededor rondaba como una moneda lanzada al aire, rumbo hacia el infinito. Eso pasa cuando ya no tienes en que pensar y te niegas a buscarle la vuelta a las cosas pasadas. No recordaba  tardes así antes, suaves y calladas en una ciudad tan desagradecida como Londres con esa certeza de que nunca duerme, ni siquiera un rato.  Por eso decidió quedarse y mirar por la ventana. Deleitarse con la mirada, como quien mira a la luna. Los apartamentos del frente atrajeron su atención, esta vez estaban vacíos por fuera y llenos de vida por dentro, era una ironía ese tono diferente que le daba la tranquilidad, esa que surge cuando cada quien esta metido de a lleno en sus propios asuntos. Nadie en la calle y por mucho que pareciera increíble era del todo cierto. Solo los coches aparcados y abandonados ocupaban los espacios en la estrecha avenida.



 Había tanta paz que se escuchaba nítido el sonido del viento, llegaba desde un lado del parque y desde allí se podía ver mejor la calle, por los árboles y la vieja iglesia católica que abarcaba todo el paisaje mirando fijo al cielo, atenta, como queriéndolo penetrar. Hacía ya un tiempo que no veía entrar ni salir gentes y aquello era también una novedad para él. La enorme puerta de madera en la entrada que siempre estaba abierta, esta vez permanecía cerrada, invisible. Los devotos del señor se habían marchado buscando la seguridad que no tenían dentro. Cuando comenzó la pandemia se habían apartado de sus lugares santos. También en la mezquita al doblar de la esquina no se veía un alma, el Imán había dado la orden de quedarse en casa posiblemente hasta los día del ramadán, por lo que todos iban como corderos en busca de amparo. Era de esperar. En casa estarían mejor, en familia, reunidos, compartiendo el pan nuestro, que era lo esencial. "Dios no les quiere allí por esos días. Iglesias y sinagogas ocupan esta vez un segundo plano. Y la pandemia no tiene religión, ni color, ni raza, es simplemente implacable, llegó para hacer historia y no cree en cuentos ni en fantasmas." Se le escapó una sonrisa irónica  "Todo se ha detenido y no hay gente ni en la iglesia, es mucho decir. Esto ya va siendo un milagro"…Pensó en voz alta. Mientras que al mismo tiempo le vino otra vez el sueño a la cabeza y comenzó a darle la vuelta. Había sido muy extraño, lo mejor era no pensar, ni darle mucha bola, porque los sueños son siempre así, cosas que uno no puede controlar en el subconsciente y salen, son libres de una naturaleza incondicional, ellos no tienen freno. Sin embargo este se pasaba de lo normal, él nunca había estado en el desierto y el sabor que le dejó  al despertar era amargo. Ese es el problema que uno tiene con los sueños oscuros y cómo por esos días de tanta noticias sobre el famoso virus tampoco había puesto la tele, ya que no era lo más recomendable, no pensó que vinieran por allí los tiros. Imágenes sobre la enfermedad eran bombardeadas sin escrúpulo alguno a cada minuto y las palabras de los medios de comunicación no hacían más que saturar la pantalla con historias espeluznante sobre la realidad y en ese estado vegetativo de enajenación total, había decidido actuar como todos y tomar precauciones. "Abusan en situaciones como estas, así que más vale el encierro, dejar de tomarse las cosas en serio y atenderse un poco, es lo que nos queda."

No se ve ni un alma por la calle, pero creo que nos vendrá bien”. dijo. El silencio es lo mejor en estos casos de inactividad, de pereza, este despierta las zonas escondidas y el alma se vuelve tan transparente que puedes hasta tener una visión en la oscuridad, es allí de donde toman la luz los ciegos, así es de cierto. Este nos obliga a escuchar esa nota perdida, la que encaja en los sonidos más nítidos, porque en el silencio se gana con la atención, es como una parada, una necesaria espera y no puedes darte el lujo de olvidarlo, sino todo se convierte en un caos. Por eso es parte de la música, es su oasis, la parte donde los sonidos descansan para luego elevarse. Esos momentos de abulia, de infinita tranquilidad, se agradecen siempre porque se alargan las horas y pierdes la referencia del tiempo. No sabes si es hoy, ayer o mañana. Y la verdad que uno no espera que eso pueda suceder, pero es lo que ha ocurrido y todo lo viejo está estático, como embalsamado, ahora hasta la ciudad parece un desierto. La noche comenzaba a bajar llegando fresca sobre todo en estos días de primavera muy diferente. La semana santa había ya pasado sin penas ni glorias, nadie se puso a pensar en eso y esa era ya otra novedad. 



 Las luces de los apartamentos de frente comenzaban a animarse, se volvían cálidas ante su mirada, eso lo notaba sobre todo en el lugar donde se encontraban las cocinas, antes vacías o inadaptadas por la diferencia de horarios, carentes de vida a cualquier hora del día,  ya no lo estaban, en ellas se reunían ahora las familias, se sentaban a la mesa como en los viejos tiempos disfrutando del buen rato. Algo comenzaba a cambiar aunque sólo se había detenido la rutina por unas semanas. Nadie tenía una idea de hasta cuando podría durar esto, ni siquiera de pronosticar hasta dónde. Increíblemente todo era tan real como la peste negra del siglo catorce en Europa que reculó a la humanidad desbastando sus zonas más débiles por aquella época. Sin intención de dramatizar más con el asunto, se giró un poco y levantó la cabeza. De esa forma, con los pensamientos en blanco puso esta vez las manos en el marco de la ventana y se acomodó, balanceando su cuerpo hacia adelante. Colocó la mirada a lo lejos y la agudizó como quien mira al mar en la distancia poseído por el paisaje y la serenidad, así que puso atención descansando estas en la firmes barandas. Disfrutaba del lugar como del mar, así era, con esa emoción de hacerlo en su primera vez. En casi cinco años viviendo en esa misma casa apenas había reparado en los alrededores con algunos recovecos aún vírgenes ante su mirada de rutina. Esas cosas pasan sin dudas cuando vives en una ciudad tan dinámica, extravagante y tan intensa donde lo dejas todo para luego en la agenda y el único tiempo que encuentras no lo quieres desperdiciar, así vives siempre, en un estado de alerta, en la búsqueda constante por encontrar ese momento. Son las primeras leyes que se reconocen de la jungla porque estas grandes ciudades lo son. El más mínimo momento lo absorbes de una manera que te atrapa, como se va volando, olvidas lo demás sabiendo que ya llegara algún otro espacio.  Las cosas por lo general se te acumulan y las demás, las cotidianas, desaparecen, te dejan de la mano por no decir que te abandonan sin piedad.  De seguro eso mismo le pasaba a todos. Pero ahora mismo, no tenia porque preocuparse de nada. Podemos llamarle a todo lo anterior el viejo mundo, porque este después que comenzó la pandemia, ya no lo era. Nos habían dicho a todos. Ve a tu casa, que vas a tener tiempo para pensar, para arreglar los muebles de la cabeza, poner las cosas en su sitio. El sueño no era un juego. Se había alegrado de que así fuera, extraño y eso le dejo mas aliviado aunque no entendía muy bien esa sensación de claustrofobia que le acompañaba. Hacia ya mas de tres semana que la ciudad era otra. Que el mundo empezaba a cambiar, algo tan fuerte como un virus la había detenido bajo máxima seguridad y solo quedaba esperar, dejarla avanzar en su proceso de cambio en  estos sus pasos más humildes. La inmovilidad traía la zozobra y para algunos, como a él les costaba recordar bien cuál día de la semana era, aunque eso no le importaba mucho, la verdad que para nadie eso tenía valor ahora, si hasta las escuelas de los niños estaban cerradas. La ciudad viviendo bajo un estado de emergencia había puesto en jaque las aspiraciones de todos y en realidad no era el momento para pensar en esas cosas. Muy poco se podía hacer, más que cada quien salvara como pudiera su propia pellejo. 
La oscuridad ahora había penetrado su cuarto y no hizo nada en absoluto por encender la lámpara de la mesa de noche. Cuando uno encuentra el momento para estar solo muchos pensamientos vienen a la cabeza y este era el caso. Prefería ser mas exacto con ellos, no había una razón para estar triste. Porque la realidad era difícil digerirla buscando soluciones y de esa manera es una pérdida total. En estos momentos tenia una única opción, la de mirarla tal y como era, por su mejor cara, no había otra salida. Muchas cosas con la que reírse si al final no todo era el jodido infierno. Dandole la mejor cara al asunto era la única manera de enfrentarlo de una vez y por todas. Y si hemos perdido o no en esta batalla. Eso solo lo dirá el tiempo. Nada de lo anterior parecía bueno y era el momento, todavía tenemos la dichosa oportunidad de cambiarle la historia, ponerla a nuestro favor. Comenzando por lo que ya tenemos a mano hoy. Encontrar un nuevo camino es cuestión de paciencia, no de prisas, porque de  esa otra forma ahora estamos bastante seguros de que no íbamos a ningún lugar. Lo que si sabemos hoy y eso nos despierta algo único en lo más profundo es que tenemos mucho que agradecer y es en esa dirección por donde debemos enfocarnos. No tomar esta situación como algo banal, eso depende de nosotros. Poner en el olimpo a quien en realidad se lo merece. Sobre todos a esos que de una forma u otra han estado al frente o cerca arriesgando sus vidas  e involucrados en este asunto en circunstancias extremas…enfermeras, enfermeros en esos hospitales de miedo, médicos,  especialistas personal de la salud en general que lo dan todo a cambio de nuestra seguridad. A los que ayudan a ancianos y a gentes que más lo necesita, han sido ellos y serán los más valientes, los más necesarios, arriesgando sus propias vidas para salvar las nuestras. Ellos con su actitud  nos han dejado el gran mensaje…Ese puede ser la piedra angular que mueva esta historia a otra órbita, que impulse este  viejo molino de viento que se ha erosionado por tanta mierda y allí permanece hundido en su propio excremento. Así que no es hora de ser pesimistas, eso no ayuda. Debemos celebrar de la forma más natural hacer un pacto con esa persona que realmente somos, cara a cara. Es tiempo de crear un nuevo mundo donde el amor sea mas poderoso. Este ahora es el tiempo que ha tomado la naturaleza para reponerse de todo el daño, está tomando un respiro. Dejó la ventana definitivamente, fue y encendió la lámpara, la movió buscando que la calidez de la luz animará esta vez su cuarto. En el otro lado un poco de sombra, nada como esa sensación de intimidad que dejaba el ambiente. Así se estaba mejor con ese claro oscuro de fondo. Organizó los discos de vinilos viejos en el armario, eran un desastre y lo cubrían todo, la pila de libros encima se habían caídos por el otro lado y él no había hecho nada por recogerlos en días. Agarró la cámara, la encendió y miró algunas fotos, la última vez que la utilizó fue hacía ya un mes atrás, la había dejado fuera del estuche pensando pasarlas para el ordenador y así revelar algunas que le pareció importante para su nueva colección. Pero allí la coloco una de estas tarde y la olvido. Abrió algunas gavetas de los cajones, tiro a la basura todo aquello que no iba a usar. Paso con el desinfectante por los bordes de la mesa,  los que tenía a su alcance, esto lo hacia mucho porque el olor del líquido refrescaba  el ambiente. Cuando todo estuvo en orden fue a por la aspiradora y pasó mas de media hora sobre la alfombra, ese ya era un récord personal. Había comenzado a sudar, cuando decidió bajar y calentar el café...Lo hizo muy feliz, la sangre le había regresado al cuerpo y aquel, su propio mundo parecía de momento otro diferente, hasta nuevo, nada que pensar en lo anterior. Solo tenía el presentimiento de que todo iba a salir bien. Porque la única forma de encontrar una salida de todo este lió estaba en sus manos. Las palabras tienen el gran  poder, como nuestros pensamientos, pero nuestras palabras, claro que lo tienen, son como un mantra. En ellas descansa el cielo y también el infierno. Estar enfadado no es malo, es uno de los primeros procesos para un cambio. Sentir que en ocasiones hay cosas que no tienen solución o que no se ve la luz al final del túnel, vale, no pasa nada. Cuando estás negativo con alguna situación y de repentes haces un plan nuevo, diferente...grandes cosas ocurren así es de cierto. Así que hay que tirar esa moneda al aire, que la suerte está echada. "Puedo cantar ahora, si es lo quiero, puedo estar triste, quien sabe, es difícil de controlar lo que me ocurre en cada momento. Es esa jodida  ansiedad y llega por el deseo de escapar el presente. Nadie quiere vivir un futuro incierto." 
Hacia ya mucho tiempo que no pensaba en nada. Pero esta vez tampoco le importaba, sin embargo quería poner las cosas en su lugar. Necesitaba organizar su cabeza y encontrar esa fuerza que  no había encontrado en los días anteriores. La angustia, es algo normal, es esa parte de nosotros que quiere escapar siempre a algún lugar, se escurre cuando le molesta enfrentar el presente. Así es de esquiva, por lo que la única solución es disfrutar de la persona que somos y este es el lugar indicado, el presente. Darle riendas sueltas a nuestras emociones tiene su precio en oro. Dejar salir de dentro de ti, eso que eres se agradece, es saludable, sea bueno o malo. Quieres bailar? Baila, no hay excusas. Estás enfadado, ok, todos los estamos. Los problemas están ahí, mirándonos a la cara, problemas financieros sobre todo.  Se trata de celebrar la vida, tirar un pasillo de vez en cuando no viene mal o aprender otra cosa, puede que la receta de tu plato favorito, algo que te haga sentir que respiras. Que estas vivo para que el día de mañana cuando la tormenta pase puedes mirar atrás y saber que tu eres el autor de tu propia historia. Era muy bueno llegar a esa conclusión porque ahora se sentía mejor."Así fue como se dijo. Cualquier cosa que sienta esta bien, se repetía así mismo, no es el fin del mundo...y esa ya no tampoco es una novedad, Es irremediablemente la única manera clara de encontrarle una salida a esto. Manteniendo vivas sus emociones, libres, que son ellas las que al final lo salvaría siempre de un posible naufragio." Subió de nuevo a su habitación, tomó el libro otra vez, giró la luz en su dirección y se acomodo en la almohada, nada como ese instante , así lo sabia, del gran final de la novela... y se dejo llevar por  aquellas curiosas palabras.  🜜

...Llegará el momento en que necesitaremos a «los guardianes de las tradiciones, de las leyendas, los rituales, los mitos y todas las viejas costumbres de los pueblos» para que ellos nos enseñen cómo recuperar la salud, la armonía y el respeto a nuestros semejantes. Ellos serán la clave para que sea posible la supervivencia de la humanidad, y serán conocidos como «Los Guerreros del Arco Iris».
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